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Abejas: otra opción para agricultores afectados por el cambio climático

Este apiario aspira a convertirse en fuente de ingresos de una comunidad guatemalteca en caso de que las cosechas vuelvan a fallar.
, Elio Rujano
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Si se pierden las cosechas de maíz y frijol por la falta de lluvias, las comunidades podrán recurrir a un plan B para generar ingresos y comprar alimentos: la venta de miel, polen y otros productos del apiario. Foto: WFP/Carlos Alonzo


En Centroamérica, la canícula es un periodo de sequía que solía durar entre 15 y 20 días entre las dos temporadas de lluvias (mayo-junio y agosto-noviembre). En los últimos años, la canícula ha comenzado a durar entre 40 y 50 días.


"La mayoría de la gente en el Corredor Seco siembra maíz y frijol. Una canícula más larga provoca pérdidas de hasta un 100%. Sus efectos son devastadores," dijo Marco Antonio Mérida, monitor de campo del Programa Mundial de Alimentos (WFP) durante los últimos cinco años en la zona.


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Este año, la canícula prolongada retrasó la llegada de las lluvias e impidió el crecimiento de los cultivos de maiz y frijol, que dependen de las lluvias. Foto: WFP/Elio Rujano


"Tenemos que salir, no hay recursos"


Héctor Ramírez reside en la comunidad El Paraíso, en el municipio de Huité, ubicada en el oriente del país y a 140 kilómetros de Ciudad de Guatemala. El Sr. Héctor vivió los efectos de la sequía prolongada en 2014 y El Niño en 2015, que en aquel entonces afectó a 4 millones de centroamericanos y provocó una crisis humanitaria.


Cuando se le preguntó si había pensado en migrar a otro país, se sonrió: "¿más lejos? No, porque no tenemos cómo. No hay recursos."


Con las cosechas perdidas y sin comida que poner en la mesa, el Sr. Héctor, de 50 años, no tuvo más remedio que migrar en busca de trabajo. Se fue a jornalear al Petén, al norte de Guatemala. "Es lamentoso, pero tenemos que salir porque tenemos hijos, tenemos esposas. Obligatoriamente tenemos que salir a ganar el pan nuestro de cada día," comentó el Sr. Héctor.


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Héctor Ramírez en el apiario de la comunidad de El Paraíso. El proyecto inicial es cuidar y desarrollar 15 colmenas en este apiario. Foto: WFP/Carlos Alonzo


Cuando se le preguntó si había pensado en migrar a otro país, se sonrió: "¿más lejos? No, porque no tenemos cómo. No hay recursos." El Sr. Héctor se siente orgulloso del jornaleo en el Petén porque "fuimos a trabajar duro."


"Obligatoriamente tenemos que salir a ganar el pan nuestro de cada día," comentó el Sr. Héctor.


Su caso ilustra la raíz del problema: las familias del Corredor Seco se alimentan del maíz y el frijol, dos cultivos que dependen del agua. Si se retrasan o hay pocas lluvias, los cultivos no crecen y fallan las cosechas. Sin reservas de alimentos, habrá hambre y migración.


¿Cómo romper este ciclo vicioso? Ayudar a las comunidades del Corredor Seco a crear resiliencia para que el Sr. Héctor y su familia tengan los medios de vida para alimentarse sin ser tan afectados por los efectos del cambio climático.


La apicultura como medio de vida


Además de sembrar maíz y frijol, el Sr. Héctor aprendió apicultura desde los 12 años, pero no la practicaba por falta de recursos. Se alegró cuando le invitaron a ser parte del proyecto "Respuesta al Fenómeno de ‘El Niño' en el Corredor Seco Centroamericano" del WFP y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAGA), con apoyo financiero de la Unión Europea.



¿Por qué la apicultura? "Es una fuente alternativa de ingresos porque la siembra de maíz y frijol está muy arraigada en esta zona y no se puede cambiar. Además, la apicultura rinde valiosos derivados como la miel, la cera, el propóleo y el polen que se pueden vender," dijo Marco Mérida de WFP.


La apicultura forma parte de otras actividades –siembra de hortalizas, aboneras, sistemas de riego, cosecha de agua, estanques de tilapias, gallineros, porquerizas — que distintas comunidades llevan adelante.


Mérida, quien es ingeniero agrónomo, explicó que todas estas actividades están entrelazadas a nivel comunitario: "Como hay producción de hortalizas y huertos familiares, estas abejas pueden apoyar estos cultivos con la polinización y fortalecen la flora del lugar."



Otra gran ventaja de la apicultura, es la facilidad de su manejo post-cosecha. La época de floración en la zona es en noviembre y diciembre, lo que significa que los apiarios estarán listos para la recolección de miel en enero y febrero. En el apiario de El Paraíso hay 15 colmenas y se estima que cada colmena puede producir unos cinco galones de miel.


A diferencia de productos como el maíz y el frijol, la miel no necesita ser vendida una vez cosechada. "La miel puede durar más y podrán venderla cuando haya mejores precios en el mercado o durante una canícula prolongada que dañe los cultivos. Así las familias afectadas tendrán ingresos y podrán comprar alimentos", dijo Mérida.


Conoce más sobre el proyecto "Respuesta al Fenómeno El Niño — PRO ACT"