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Partera y guardiana de los saberes ancestrales en Ecuador

Zoila María Congo comparte sus conocimientos sobre nutrición y medicina para que su comunidad se adapte al cambio climático
, Paola Solís
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Zoila María Congo es partera. A su vez, conserva y cultiva plantas medicinales en La Concepción, una parroquia ubicada en la provincia de Carchi al norte de Ecuador. Foto: WFP/Iñaqui Oñate.

A sus 72 años, Zoila María Congo es heredera y guardiana de los saberes ancestrales de esta comunidad afrodescendiente que por generaciones ha vivido en un valle rodeado de montañas ubicado en la provincia de Carchi, al norte de Ecuador.

Esta partera y agricultora conoce bien los beneficios alimenticios y medicinales de las plantas, algo que durante años ha ayudado a esta comunidad a combatir enfermedades y mantenerse saludable.

Pero Zoila está preocupada. Teme que los saberes de sus ancestros se pierdan porque a los jóvenes no les interesa.

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Paisaje visto desde La Concepción en Carchi. Esta parroquia tiene alrededor de 3.000 habitantes y está compuesta por etnias afroecuatoriana y mestizas. Foto: WFP/Iñaqui Oñate

Al rescate de los saberes ancestrales

Uno de los objetivos del proyecto binacional del Programa Mundial de Alimentos (WFP por sus siglas en inglés) en la frontera entre Colombia y Ecuador es recuperar los saberes ancestrales de las comunidades awá y afrodescendiente para adaptarse al cambio climático. El proyecto rescata las plantas, semillas y sus usos medicinales y nutricionales; las recetas alimenticias y medicinales; y los cuentos y fábulas de la comunidades.

Con el apoyo de técnicos del WFP, Zoila se ha convertido en facilitadora comunitaria por conocer todo sobre plantas medicinales y nutricionales.

Más adelante, esta información de Zoila será usada, por ejemplo, en cartillas que podrán distribuirse entre la propia comunidad y en escuelas y colegios para que sepan cómo aprovechar las plantas y semillas que alimentaron y sanaron a sus ancestros.

La partera que trae vida en La Concepción

Zoila es partera certificada por el Ministerio de Salud del Ecuador y la presidenta del subcentro de salud de su parroquia. Cuenta orgullosa que aprendió de su madre el oficio. "Inicié ayudándole a dar a luz a mi hija mayor. Mi mamá era partera, pero no estaba cerca en ese momento. Cuando vio el corte en el cordón umbilical supo que hice un buen trabajo", indicó.

Zoila camina o se transporta en moto o bus para atender de cinco a 10 partos a la semana en distintas comunidades sin importar si es de día, de noche, de madrugada o si está lloviendo.

A donde vaya Zoila la acompañan muchas plantas medicinales y recurre a ellas para tratar complicaciones, como los niños que "están sentados". Sin embargo, si la situación se complica ella remite los casos a un hospital.

A Zoila no le gusta ir al médico

Zoila aprendió todo sobre las plantas porque no le gusta ir al médico. Cuando tiene algún dolor, se hace una mezcla de plantas, las chanca (muele) y toma su jugo. A veces también las cocina y hace una infusión.

"Incluso las plantas que pisamos sin darnos cuenta nos curan", dice Zoila.

Entre las plantas más usadas por Zoila están la mosquera, la cigarra y la hoja blanca, que usa para dolores de cabeza causados por el frío. Para los partos, sus mejores aliadas son la chilca seca y la hoja del camote.

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Plantas medicinales cultivadas por Zoila en su casa. Foto: WFP/Iñaqui Oñate

"Hay muchas hierbas, pero ahora la gente ya no las utiliza. Solo los más mayores utilizamos las plantas medicinales, la juventud va al médico", dice Zoila, quien tiene una pequeña nieta que escribe los conocimientos de su abuela en un cuaderno.

El hueso sazonador, cocina antigua

Otra de las preocupaciones de Zoila es la alimentación. Asegura que la dieta era diferente antes y ha cambiado mucho: "Salábamos el fréjol con mapahuira [manteca] de puerco y no nos hacía daño. Comíamos mote, choclo y morocho [tres clases de maíz] y preparábamos locros [sopas espesas]. Nuestra comida era excelente".

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El fréjol negro es una de las variedades de leguminosa que se cultivan en La Concepción. Foto: WFP/Iñaqui Oñate

Un saber ancestral de La Concepción es el hueso sazonador. Como no existían los condimentos industriales, los aliños para las comidas provenían de los animales. El hueso sazonador era un hueso de ganado que se compartía entre vecinos y familias para dar sabor a las comidas.

"Podíamos pedir prestado el hueso sazonador a una vecina, lo lavábamos, le poníamos sal y cebolla. Toda una generación creció con el hueso sazonador que andaba de casa en casa", relata Zoila.

Zoila prefiere su "comidita antigua" porque considera que la gente vive más con una buena alimentación. "Ahora la juventud come solo arroz o fideo. Todo es harina, y eso no es alimentación", nos dice. Por eso ella siempre aconseja a las madres, a quienes ayuda en sus partos, que alimenten bien a sus hijos e hijas.

Conoce más sobre el trabajo del WFP en Ecuador.