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La tormenta tropical Amanda agrava los problemas de El Salvador, golpeado por el coronavirus

El Programa Mundial de Alimentos necesita US$8 millones para brindar asistencia alimentaria urgente mientras el país se recupera de una de las peores tormentas desde 1998.
, WFP Español
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Llega la calma después de la tormenta: finalmente la hija de Gerson se duerme en la escuela convertida en albergue, en donde la familia encontró refugio. Foto: WFP/David Fernández

Gerson Alexander Vásquez acurruca a su hija recién nacida en un intento por calmarla ya que llora sin cesar. La habitación a su alrededor está llena de colchones y mantas. Unas pequeñas mesas con provisiones de alimentos están apoyadas contra los paneles de pared azul eléctrico de esta escuela convertida en albergue en San Salvador, la capital de El Salvador.

Gerson y su familia tuvieron que huir en medio de la noche cuando las inundaciones causadas por la tormenta tropical Amanda arrasaron su casa. "Uno trata de darle la cara alegre a los niños para que ellos no sientan el dolor de uno," dice. "Es muy difícil vivir en la calle, pero damos gracias que la familia está bien, logramos salir todos."

Un sentimiento de tristeza por lo que se perdió mezclado con la gratitud de estar con vida flota en el refugio. Stephanie Jazmín Parada experimenta esos sentimientos ya que su familia de siete miembros logró escapar. "Los vecinos gritaban: No corran por los techos porque están podridos [y podían colapsar], pero era la única forma de salvarnos", dijo Stephanie. "Me siento mal porque se ha perdido todo el sacrificio de mis padres".

Como resultado de las excesivas lluvias, las peores desde que el huracán Mitch devastó algunos países de Centroamérica en 1998, miles lo han perdido todo. El Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) estima que 336,300 personas que viven en zonas urbanas y rurales no pueden alimentarse por sí mismas.

El 6 de junio, el WFP y la Alcaldía de San Salvador comenzaron a distribuir alimentos a 5,500 personas en 73 refugios ubicados en los departamentos de San Salvador, Sonsonate y La Libertad.

"Todo lo hemos botado — los colchones, los roperos, todo estaba lleno de lodo"

"La tormenta tropical Amanda es un triste recordatorio de que, mientras el mundo centra sus esfuerzos en contener la propagación de la pandemia del coronavirus, las vidas y los medios de vida de millones de personas continúan amenazados por los desastres relacionados con el clima", dijo Miguel Barreto, Director Regional del WFP para América Latina y el Caribe. "Los pobres y vulnerables, muchos de los cuales ya estaban bajo una fuerte presión por las medidas relacionadas con la COVID-19 que restringen su capacidad de salir y ganarse la vida, están siendo los más afectados".

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La tormenta tropical Amanda azotó algunas de las regiones más pobres de El Salvador. Foto: WFP/David Fernández

De pie frente a su casa en Valle Dorado, departamento de La Libertad, José Gregorio Aguilar cuenta cómo el agua subió rápidamente hasta el nivel de la ventana. Reflexiona sobre el impacto que las inundaciones tendrán en esta área rural, donde "no hay personas ricas, solo los pobres viven aquí."

Una de esas personas es Dora Alicia Escobar, quien es viuda y todavía está en estado de shock en su "casita", construida por su difunto esposo. "Todo lo hemos botado — los colchones, los roperos, todo estaba lleno de lodo", nos dice. "Algunas cosas se salvaron, pero lo demás tuvimos que botarlo. Mi cocina está hecha de madera y le entra el agua y la pudre."

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La familia de Dora Alicia depende del trabajo informal para ganarse la vida. Foto: WFP/Daniel Fernández

Dora Alicia es apoyada por sus dos hijos y un nieto que, como muchos en el área, dependen de trabajos ocasionales para ganarse la vida. "Ellos a veces trabajan y a veces no hay trabajo, como ahora (durante la pandemia)", añade.

"En mis 24 años de vivir en El Salvador nunca había visto una lluvia como esta, quizás durante el huracán Mitch en 1998 o el huracán Stan en 2005", dijo el Representante del WFP, Andrew Stanhope, al hacer su análisis de las inundaciones de las zonas más pobres, los deslaves en las carreteras principales y los daños masivos a la infraestructura.

"Lo que es peor, la tormenta tropical Amanda nos golpea justo cuando estamos luchando contra una pandemia y la gente tiene problemas debido a la pérdida de ingresos y medios de vida por la COVID-19", agregó.

El WFP necesita US$8 millones para proporcionar asistencia alimentaria urgente durante dos meses a 153,500 personas en situación de inseguridad alimentaria severa en El Salvador. Esta cifra es adicional a los US$19 millones necesarios para apoyar al gobierno en su respuesta al coronavirus.

"La comunidad internacional no debe darle la espalda a los miles de salvadoreños afectados por la tormenta tropical Amanda que también hacen frente a la pandemia", dijo Miguel Barreto.

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