Vigilantes del agua: la red que mantiene a salvo al recinto Quevedo en Ecuador
En el recinto Quevedo, en Ecuador la vida se mide en centímetros. Cada marca que deja el agua en la época invernal sobre una pequeña vara de madera, cada número registrado en una libretita improvisada puede definir si una familia podrá salir al carretero o quedará atrapada por el agua que sube silenciosa, metiéndose entre las casas de caña y los caminos de lodo.
Frente a esa amenaza constante que no avisa, pero siempre regresa, la comunidad ha encontrado una forma de cuidarse. En el corazón de esta comunidad resiliente está un pequeño equipo comunitario, liderado por Doña Victoria Sánchez, una mujer que ha convertido la observación del estero en un acto cotidiano de protección y esperanza compartida.
Cuando amanece, el recinto todavía huele a tierra mojada. La lluvia ha golpeado tres días seguidos. Don Enrique Garces, vigilante designado del agua, sale de su casa con su herramienta sencilla de medición en la mano. El agua marca once centímetros. Hace dos días marcaba nueve. Y la semana pasada, recuerda, llegó a subir tanto que ‘todo se fue a pique’. El método es sencillo pero vital: medir, anotar y compartir. No mide solo: mide para todos.
Doña Victoria recibe los datos que vecinos como Don Enrique envían cada día. Si el agua sube, ella lo registra. Si baja, también. Y cuando hay riesgo, activa el sistema de alerta local: mensajes de voz, llamadas, avisos a las familias más vulnerables y comunicación directa con las autoridades.
invierno en las comunidades de Quevedo-Los Espinos, Ecuador Foto: ©WFP /Gonzalo Ruiz
En el centro de la comunidad se encuentra la casa de Doña Victoria donde se instaló una estación meteorológica completa, conectada con el sistema nacional meteorológico del Ecuador. Esta estación cuenta con equipos técnicos de alerta temprana que les permite conocer de manera inmediata cuando el nivel del agua pone en peligro sus viviendas y sus vidas.
El compromiso de toda la comunidad les ha permitido enfrentar de mejor manera el fuerte invierno que llega cada año. Durante los dos últimos inviernos, Doña Victoria al igual que 731 personas de esta comunidad se han equipado y capacitado para entender el comportamiento de las lluvias y reaccionar antes de que llegue el peligro.
Las familias más alejadas —las que viven en ‘el campo’, dispersas entre lomas y esteros más hondos— dependen de la información que logran recabar sus vecinos para decidir si pueden salir o deben esperar. Sin una canoa, están completamente aislados. El agua cubre gran parte de sus casas y no pueden llegar a sus trabajos, escuelas, o a conseguir alimentos o medicinas.
Con la cosecha terminada y sin trabajos estables, la comunidad se sostiene con lo poco que puede conseguir. Por eso, cuando se llega al umbral se activa el plan de acciones anticipatorias que permite brindar transferencias monetarias a toda la comunidad. “Con esta asistencia económica logramos cubrir nuestras necesidades de alimentación por 8 semanas. Compré víveres y algunas medicinas, esa asistencia vale oro en estos momentos”, cuenta Don Enrique.
En 72 horas el equipo del Programa Mundial de Alimentos activó la entrega de transferencias monetarias a estas comunidades, 731 personas recibieron esta asistencia inmediata. “La época invernal apenas está iniciando en el Ecuador y esta intervención es un ejemplo claro de como los planes de acciones anticipatorias garantizan que los hogares más vulnerables reciban apoyo antes de que se vean empujados a una crisis más profunda, ayudándolos a mantenerse más seguros, fuertes y resilientes” resalta Matteo Perrone, Representante País del Programa Mundial de Alimentos en Ecuador.
En el recinto Quevedo, medir el agua no es un gesto técnico. Es una ceremonia diaria. Una forma de cuidarse entre todos. Una red que funciona con ojos atentos, equipos de monitoreo, varas de madera y la convicción de que anticiparse puede salvar vidas. Y allí está Doña Victoria, con sus equipos listos, coordinando a quienes miden, revisan y reportan. Y está Don Enrique, con su vara de diez en diez centímetros. Y está la comunidad entera, sosteniéndose sobre alertas tempranas que nacen del territorio y llegan hasta las autoridades antes de que el agua cubra sus casas.