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Más que chocolate: Emprendimiento e innovación en el cacao de Manabí

Descubre cómo Rocío Solorzano, una emprendedora ecuatoriana transforma el cacao en futuro.
, María Beatriz Pertuz
Rocio y Narcisa transformado el cacao
‘SheCan’, una iniciativa del Programa Mundial de Alimentos para  promover la inclusión financiera de mujeres. Foto: WFP / María Beatriz Pertuz.

La mesa está servida y es un festín de colores; gelatinas, barras de chocolates, harinas, mermeladas, bebidas blancas e incluso bisutería. Todos estos productos se extrajeron de una misma fuente: el cacao. Pero no solo visten la mesa, también han transformado la vida del padre de Rocío, que a sus 89 años siente orgullo de que su hija se dedique a la tierra.

Le propongo conversar sobre todo lo que está sobre la mesa. Rocío asiente, pero su mente parece estar organizando un listado invisible de temas por tocar. Antes de sentarse, me muestra el premio que ganó en la última Feria de Emprendimientos de Manabí. Sostiene en sus manos una cartulina donde se lee “Reconocimiento al mejor emprendimiento verde”. Mientras lo sostiene, me cuenta que sueña con llevar sus productos fuera del país, un sueño que tiene desde hace más de cinco años.

Rocío nació en Los Chirijos, una pequeña comunidad cacaotera en la provincia de Manabí, Ecuador, impregnada con la esencia dulce y profunda de este fruto. Desde niña observaba a su padre trabajar en el campo, pero fue la única de sus hermanos que decidió hacer del cacao su vida.

Fue durante la pandemia de COVID-19 que decidió regresar a la finca no solo para cultivarlo, sino para investigarlo. Cuando le pregunto sobre su futuro, me explica que encontró en el cacao más que un producto para hacer chocolate, descubrió un mundo de posibilidades detrás de cada mazorca.

“Con la pulpa hago harina; con las cáscaras, el envase de las gelatinas; con el grano, el chocolate. Pero, sobre todo, con la fruta extraigo el mucílago, esa parte dulce y poco aprovechada que muchos consideraban un desecho. Yo hago mermelada y helado. Para mí se ha convertido en la mejor parte del cacao”.

Esa búsqueda por mejorar su producción y diversificar su oferta nació a inicios de mayo de 2025, cuando comenzó a asistir a los talleres de ‘SheCan’, una iniciativa del Programa Mundial de Alimentos para apoyar a mujeres agricultoras. Aunque lleva poco tiempo participando, Rocío siente que este camino puede transformar su vida y la de su padre. Ha aprendido que el cacao no solo es un fruto, sino una oportunidad para su progreso.

Rocío alegre sostiene dos cacaos en sus manos. Foto: WFP / María Beatriz Pertuz

En estos espacios de formación comprendió la importancia de elaborar planes de negocio que le permitan acceder a créditos y la precisión financiera que le permite saber cuánto dinero necesita para producir y cuánto debe generar para crecer. Hoy tiene claridad en sus números: el chocolate en barras representa el 30% de sus ingresos, mientras que el ecoturismo y experiencias del cacao en la finca le generan un 43%. Con esta visión, me comparte con seguridad: “Siento que vivir del cacao no está lejos”.

En Manabí, las mujeres productoras llevan una carga que no se ve en las cifras, pero que si pesa en el día a día. Apenas un 34% logra acceder a créditos formales, frente a un 46% de los hombres; en las zonas rurales, la brecha es aún más crítica. La falta de garantías y educación financiera suele empujar a las mujeres hacia prestamistas informales, donde el dinero es caro y la esperanza cuesta aún más. Es una cadena invisible que perpetúa la pobreza.

En medio de ese escenario, Rocío decidió romper el molde. Apostó por el cacao en todas sus formas: bebidas artesanales de mucílago, cosméticos, alimentos funcionales y chocolates gourmet. Con cada producto cuenta un relato; es su manera de decirnos que la tierra puede dar más que subsistencia: puede dar futuro. Para ella exportar no es un lujo, es una necesidad y certeza de que el cacao de su padre puede cruzar fronteras llevando consigo su historia.

Rocío construye su marca como quien levanta un puente entre la tierra y el mundo. Y aunque el terreno sea desigual, ella camina con convicción.

“Desde niña entendí que mi camino no sería el mismo que el de mis hermanos. Mi abuelo repartió la tierra a los niños y las montañas a las niñas. Hoy decido mirar esas montañas, hoy decido trabajar la tierra, hoy decido vivir del cacao. “

SheCan conecta donantes, prestamistas, financiadores e inversionistas con pequeñas productoras y microemprendedoras, aprovechando las operaciones globales del Programa Mundial de Alimentos para promover la inclusión financiera de las mujeres.​ Actualmente, el proyecto trabaja con 1.291 emprendedoras en el Ecuador. 

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