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“Pensé que había visto todo tipo de emergencias, hasta que llegó el coronavirus”

Su pasión por servir a los más necesitados impulsa a Carlos Soriano a dejar su casa para trabajar en medio de la pandemia en El Salvador.
, WFP Español
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Carlos Soriano carga una de las raciones de alimentos que distruyeron a las familias afectadas por la crisis de la COVID-19 en El Salvador, al principio de la pandemia. Foto: WFP/Julio Alfaro


Entrevista realizada por Haydee Paguaga


Mi nombre es Carlos Cuauhtémoc Soriano y tengo la oportunidad de servir a los salvadoreños desde el área logística. Desde la administración de la bodega del Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) y los procesos logísticos usuales, me aseguro de que los alimentos y otros insumos necesarios lleguen a las personas más necesitadas de mi país.


Crecí en el municipio de Chalchuapa, ciudad colonial con mucha historia en el departamento de Santa Ana, famosa por el sitio arqueológico El Tazumal, la laguna Cuzcachapa, y la tradicional y deliciosa yuca cocida con chicharrón. Mi familia no era pequeña: mis padres, mi hermana, mi hermano y yo vivimos junto a mis abuelos. La cena era un espacio especial en donde platicábamos del día y, ahí, en esas comidas familiares, aprendí la importancia del servicio que ahora WFP me permite ejercer.


Cuando me amarro las botas, me pongo mi chaleco y la mascarilla para ir a trabajar, siento un impulso de adrenalina que me llena de optimismo y me da energía. Sin duda mi pasión es: trabajar en equipo para realizar todas las labores relacionadas con la importación y exportación, empaque, almacenamiento, transporte y la administración eficiente de bodegas para el almacenamiento de alimentos e insumos no alimentarios.



Uno de mis mayores logros profesionales, como trabajador humanitario, fue cumplir mi rol con excelencia en tiempos del coronavirus, aún con los riesgos de contagio por la pandemia. Mis jornadas de trabajo en la bodega iniciaban muy de mañana y terminaban por la noche, los siete días de la semana. La meta lo requería y, junto a personal voluntario, logramos preparar 4.000 paquetes de alimentos para personas cuya principal fuente de ingresos fue afectada por la pandemia.


El trabajo realizado durante la emergencia no fue fácil, pero cuando recordaba la extrema necesidad de las familias que necesitaban alimentos, me repetía a mí y a mi equipo una de mis frases favoritas: "Píquele… píquele.…pues.." (que es un sinónimo de "apúrese, muévase, rápido").



Tuve la bendición de comenzar a trabajar para WFP en El Salvador en el 2008 y cuento con más de dos décadas de experiencia trabajando en logística y ayuda humanitaria. He tenido la oportunidad de apoyar emergencias nacionales e internacionales tales como: huracanes, terremotos, sequías, inundaciones y erupciones volcánicas en El Salvador. Adicionalmente, apoyé en emergencias en: Colombia, Dominica, Paraguay, Perú y República Dominicana. Honestamente, había pensado haber visto todo tipo de emergencias hasta que llegó la pandemia COVID-19.


El coronavirus me requirió esforzarme más de lo normal. Lo más difícil fue usar el equipo de protección personal durante las largas jornadas de trabajo, especialmente por las altas temperaturas en bodega propias de nuestro país. Pero todo ese esfuerzo valió la pena. Actualmente, ya me acostumbré al calorcito del equipo de protección. Todo radica en vencer el miedo, adaptarse, armar una nueva rutina de limpieza para protegerse y planificar hasta el más mínimo detalle.


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Sus conocimientos y experiencia le han permitido realizar entrenamientos en la región. Aquí Carlos entrena al personal de la Defensa Civil en la República Dominicana. Foto: WFP/Archivo


El trabajo humanitario es bonito y gratificante, requiere de mucha pasión, responsabilidad, esfuerzo y de muchos sacrificios. Deja grandes satisfacciones, entre ellas servir a los que más lo necesitan y dejar un legado de servicio a las presentes y futuras generaciones.


En estos momentos de emergencia mundial, el miedo no nos puede detener porque hay miles de personas que necesitan de nuestro esfuerzo para tener el alimento diario en sus hogares. No tengo duda que desde mi bodega y algunas veces en campo, vestido con mis jeans, camiseta, botas y mascarilla, estoy aportando mi granito de arena para cambiar vidas y salvar vidas en El Salvador.


Conmemore el Día Mundial Humanitario 2020 leyendo los testimonios de nuestros colegas aquí.