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Maestras hondureñas entregan alimentos a estudiantes a domicilio

Tras el cierre de escuelas, suben las raciones a su cuatrimoto y van casa por casa
, Hetze Tosta
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Las maestras Delsa López (der.) y Dorla Haylock (centro) descargan de su cuatrimoto una ración de alimentos para entregarla al padre de familia de uno de sus estudiantes. Foto: Cortesía/Golda Haylock


Una veda en la pesca está vigente hasta el mes de julio, agudizando la situación de familias en la Mosquitia, en el departamento de Gracias a Dios. Sin su principal fuente de ingresos, la Alimentación Escolar es ahora el único alimento que reciben los niños y las niñas en el día.


Sin embargo, la situación empeoró cuando estalló la pandemia de la COVID-19. Cuando las autoridades ordenaron el cierre de las escuelas en todo el país para contener el brote, también se suspendió el programa nacional de alimentación escolar y la distribución de las comidas. Para los pobladores de Gracias a Dios, el departamento más pobre, más vulnerable y de difícil acceso en el país, parecía que esta nueva tormenta se había llevado su único salvavidas.


Afortunadamente, las autoridades tomaron cartas en el asunto y ordenaron medidas de mitigación para que los estudiantes siguieran recibiendo su alimento.



Gracias al trabajo conjunto entre el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) y UNICEF, en apoyo al gobierno de Honduras, se elaboraron protocolos de seguridad para que los maestros junto a los comités de alimentación escolar prepararan raciones con los alimentos que habían quedado sin preparar en las escuelas luego del cierre. Así un adulto por familia en Gracias a Dios y el resto del país acudiría a la escuela para retirar una ración de alimentos, que consiste en arroz, frijoles, aceite y harina de maíz.


"Quería saber cómo estaban mis niños"


Los protocolos de seguridad elaborados por el WFP y UNICEF también permiten la entrega de raciones para llevar a casa. Por esa razón, la profesora Golda Haylock, Directora Distrital de Educación en Kaukira, en Gracias a Dios, y los 80 maestros de esta zona optaron por hacerlo así.


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La profesora Golda Haylock se subió a su moto para visitar a sus estudiantes y documentar su situación para que puedan recibir ayuda. Foto: Cortesía


"Decidimos mejor entregar casa por casa para evitar aglomeraciones en las escuelas, y también era una oportunidad de ver las condiciones en las que estaban nuestros niños y sus familias", indicó Golda, quien es además docente en la escuela "Kasbrikapiska", que significa en español "Pedacito de Cielo".


Durante la entrega aprovecharon para capacitar a las familias sobre cómo prevenir el coronavirus e identificaron a las familias y documentaron su condición de vida para que puedan recibir ayuda en un futuro.


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Las maestras Dorla Haylock (primer plano) y Delsa López preparan las raciones para entregarlas a sus alumnos en sus casas. Foto: Cortesía/Golda Haylock


En cuatrimoto y de casa en casa


Por su parte, a la maestra Dorla Haylock (prima de Golda y docente en el jardín de niños de la aldea de Dapat) ni el sol ni la distancia la detuvieron. Se subió a su cuatrimoto todo terreno y acomodó las raciones para llevarlas casa por casa a sus alumnos. La experiencia la dejó con emociones encontradas.


"Esta distribución me permitió ver como estaban cada uno de mis 48 alumnos, ver las condiciones en las que estaban y darme cuenta la alegría con las que recibían las raciones que se les entregaban ya que en muchos hogares ni el fogón estaba encendido", dijo Dorla. "Fue muy triste ir a estas comunidades y ver que los niños andan buscando mangos verdes pues muchas veces será lo único que comerán ese día", dijo con mucha tristeza Dorla, quien tiene 18 años de trabajar en Dapat.


Muchas veces nada que comer


Karen Sánchez, monitora de WFP, siempre soñó con trabajar en Gracias a Dios y ya lleva ocho meses laborando con la organización en Puerto Lempira, cabecera departamental. "Ver los rostros de los niños felices cuando reciben la alimentación escolar no tiene precio, ya que la mayoría de ellos no tienen muchas veces nada que comer en sus casas", dijo Karen.


Comentó que las distribuciones de raciones en cuatrimoto fueron muy originales y las visitas casa por casa fueron motivadas por el amor que tienen por sus estudiantes.


WFP con presencia en el territorio


Para WFP es todo un desafío logístico apoyar al gobierno en la implementación del Programa Nacional de Alimentación Escolar en el departamento de Gracias a Dios, comentó Danny Greenwood, coordinador del WFP en esta zona y con 21 años de experiencia.


El 90% de las comunicaciones en la Mosquitia se hace a través de canales pluviales y acceso marítimo, lo que hace la operación más riesgosa y hace que los costos se eleven hasta tres veces más de lo que costaría una operación en otro departamento de Honduras.



Además de su aislamiento, moverse de una comunidad a otra en esta zona puede tomar hasta 6 horas en lancha y hasta 3 días para transportar todos los alimentos. "Este proceso es apoyado por las autoridades locales, maestros y padres de familia, ya que el alimento del Programa Nacional de Alimentación Escolar es altamente apreciado en estas zonas donde la situación de las familias es muy difícil", agregó Greenwood.


Algunos datos sobre Kaukira


Kaukira es una comunidad de Municipio de Puerto Lempira en la Mosquitia hondureña en el departamento de Gracias a Dios. Allí habitan los miskitos, uno de los ocho grupos étnicos de Honduras, quienes tienen su propia lengua.


Las clases en los centros educativos son impartidas en español y miskito.


Kaukira está ubicada al otro lado de la laguna de Caratasca, por lo que desde Puerto Lempira toma una hora en lancha para poder llegar a estas comunidades.


El Programa Nacional de Alimentación Escolar es uno de los programas de protección social más importantes del gobierno de Honduras que beneficia a 1.2 millones de niños y niñas en 22.000 centros educativos a nivel nacional.


Conoce más sobre la respuesta del Programa Mundial de Alimentos a la COVID-19