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Guatemala: WFP ofrece esperanza en medio de la creciente inseguridad alimentaria

Mientras que la pobreza y los extremos climáticos desplazan a las personas de sus hogares, los proyectos de WFP ofrecen una alternativa a la migración.
, Jonathan Dumont

Brenda López* vira las perneras de los pantalones de su esposo del revés y las enrolla lo más fuerte que puede. Juan los mete en una pequeña bolsa de hombro gris junto con dos camisas y algo de ropa interior. Después de cerrar la bolsa, se ajusta la gorra en el espejo y se sienta expectante en el borde de la cama, esperando que los coyotes -como se conoce a los contrabandistas de personas en Centroamérica- llamen.

 

La subida de precios derivada de la guerra de Ucrania, los efectos de la crisis climática y el impacto duradero de la pandemia del COVID-19 están agravando la pobreza existente, impulsando una oleada de migración desde la aldea de Xelam de López. Xelam, una comunidad agrícola de unas 525 personas en el montañoso departamento de Huehuetenango (Guatemala), tiene tasas de desnutrición crónica de hasta el 67%, similares a las de los pueblos de los alrededores.  Por ello, Huehuetenango es actualmente uno de los departamentos con más emigración a Estados Unidos y el segundo, después de la capital, Ciudad de Guatemala, por el total de remesas recibidas.

"Cuando uno se va, siente tristeza al pensar que deja a su familia por la pobreza. Sientes mucha nostalgia y miedo de enfrentar muchos peligros, porque no sabes si vas a regresar vivo", dice Juan. "La vida no te espera para ser fuerte. Te obliga a ser fuerte y a tener el valor de luchar y emigrar a otro país para salir de la pobreza".

Hay varias formas en que los migrantes de los países del llamado "Corredor Seco" de El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua intentan hacer el peligroso viaje a Estados Unidos (EEUU). Muchos intentan hacerlo por su cuenta a pie, llevando unas pocas pertenencias, o se unen a las "caravanas", que viajan en grupos de cientos o incluso miles de personas.

Pero hay otro mecanismo, más insidioso, que se ha convertido en el más arraigado en Guatemala, el mismo en el que Juan López y su familia se vieron arrastrados como si fuera arena movediza. Utilizando su casa como garantía para pedir un préstamo de unos US $13.000, pagaron a un coyote por tres intentos de colar ilegalmente a Juan en Estados Unidos. Cuando nos reunimos con él, ya ha sido capturado y deportado dos veces de EE.UU., y ahora está a la espera de embarcarse en su tercer y último intento. Si fracasa, él y su familia perderán su casa.

 

"Cuando decidí irme, hice un trato con los coyotes y les adelanté algo de dinero", explica Juan. "Me fui y me deportaron. Pero además, tenía una deuda porque hay que dejar dinero para la familia y llevar algo para el viaje. Para pagar esa deuda y no perder la casa, que garantiza el dinero, decidí volver a emigrar e insistir hasta que Dios me lo permita. Es la única manera de salir de la deuda y la pobreza".

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El Sueño Americano: Las personas com Miguel (en la foto), quien ha vivido y trabajado como un residente legal en Florida por nueve años, son celebridades locales. Foto: WFP/Jonathan Dumont

No es raro que la gente caiga en esta trampa en un lugar como Xelam, donde hasta las paredes hablan del "sueño americano", con coloridos murales que representan la estatua de la libertad, aeroplanos y un paisaje urbano de rascacielos con Miami, Florida escrito encima.

Sin embargo, existe una alternativa al implacable ciclo de extremos climáticos, hambre y migración en Xelam y el corredor seco de Centroamérica. El Programa Mundial de Alimentos (WFP) ha introducido nuevas técnicas agrícolas, construido depósitos de agua y puesto en marcha proyectos más amplios que ayudan a la población a adaptarse a los cambios del clima.

Farmers like Felipe Cox struggle to put food on the table for their families and are often pushed into migration. Photo: WFP/Jonathan Dumont
Agricultores como Felipe Cox luchan por poner comida en la mesa para sus familias y son, a menudo, empujados a la migración. Foto: WFP/Jonathan Dumont

El agricultor Felipe Cox vive con su esposa Lila García y sus cuatro hijos. Hasta hace poco, luchaba por alimentar a su familia, ya que la irregularidad de las lluvias y los daños causados por los huracanes hacían imposible sobrevivir con la agricultura. A finales de 2021, decidió emigrar a Estados Unidos. Pero tras incorporarse a un proyecto del WFP, ahora puede mantener y alimentar a su familia en casa. El proyecto ayuda a Felipe y a la comunidad con la conservación del suelo y huertos domésticos, que producen verduras como hoja de mostaza, cilantro, rábano y coliflor. El proyecto también le proporcionó una nueva variedad de papa que produce dos veces al año en lugar de una sola.

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Los proyectos de WFP están ayudando a los agricultores a mejorar sus cultivos. Foto: WFP/Jonathan Dumont

Sigo a Felipe y a sus hijos por una empinada colina. Sin aliento y con el corazón palpitando por la altitud, veo a sus hijos correr delante de mí hasta casi desaparecer. Cuando por fin los alcanzo, veo la gran diferencia que puede suponer algo tan aparentemente sencillo como una variedad de papas. Felipe y sus hijos sacan un puñado tras otro de papas de la rica tierra, suficientes para alimentar a la familia y venderlas en el mercado local. Ya no tiene que pensar en irse de casa.

*Los nombres han sido cambiados

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