Skip to main content

Grupos de Personas LGBTI reciben tarjetas para comprar alimentos en Honduras

Sin una ley que los proteja, este colectivo no tiene acceso a redes de protección social para enfrentar la crisis por la COVID-19.
, Hetze Tosta
1*DJ9LPQDRH80K2jq9AsTaAA.jpeg
Donny Reyes (der), líder de la comunidad LGTBI en Honduras, junto a miembros de la Asociación Arcoíris. Foto: WFP/Hetze Tosta


La pandemia ha golpeado con dureza a los grupos LGTBI en Honduras. Como no hay una ley que los ampare y garantice su identidad de genero y orientación sexual, no tienen acceso a las redes de protección social. "Hemos sido históricamente discriminados, excluidos de todo programa de ayuda social", manifestó Donny Reyes, coordinador del Colectivo Arcoíris y líder de la comunidad LGTBI en Honduras.


Al estigma social, se suman el desempleo y la condición de salud de varios miembros que viven con enfermedades crónicas, como el VIH/sida. "Y si no están bien alimentados, los medicamentos no son efectivos para ellos", agregó Reyes.


Hambre y discriminación


Para JLo Córdoba, Coordinadora del Colectivo Muñecas Arcoíris de la zona central del país, la discriminación de las mujeres trans se ha agudizado durante la pandemia. Por ejemplo, para prevenir la propagación de la COVID-19 en los últimos seis meses, las personas podrían movilizarse dependiendo del último dígito de su tarjeta de identidad. Para ingresar a un supermercado, farmacia, banco o cualquier otro comercio, se debe mostrar la tarjeta.


"Las mujeres trans hemos sufrido discriminación muchas veces de las personas de seguridad de los establecimientos y de las autoridades porque no nos vemos como en la fotografía del documento legal", dijo Córdoba. "Muchas veces comienzan a burlarse de nosotras, y no nos permiten el ingreso. Esto afecta nuestra autoestima por lo que preferimos mejor no entrar y no comprar", agregó.


Muchas mujeres trans han sido corridas de sus apartamentos por no poder pagar la renta, pero eso se debe a que muchas son trabajadoras sexuales que no pueden ganar ingresos por la pandemia. JLo explicó que han tenido que acondicionar albergues porque no tienen en donde quedarse y ni para comer.


1*c6lt09LPlyIPq98h2-mXrQ.jpeg
Muchas mujeres trans no tienen como generar ingresos durante esta pandemia y no tienen qué comer ni donde vivir. JLo Cordoba, coordinadora Colectivo Muñecas Arcoíris. Foto: WFP/Hetze Tosta


No son solo alimentos, es inclusión


Carlos Roberto Martínez, quien es técnico en laboratorio, perdió su trabajo hace seis meses luego que el proyecto en el que laboraba cerrara por la pandemia, pero hoy se siente alegre. Unas 800 personas de la comunidad LGBTI recibieron tarjetas para canjear por alimentos en los supermercados.


"Me siento muy contento porque nos dieron esta tarjeta de alimentos y también fuimos incluidos. Hoy hemos llegado al supermercado y nos han atendido con mucha amabilidad", explicó Carlos.


1*F7GaR_HKM3QnMy-fD0tyKw.jpeg
"El recibir esta tarjeta de alimentos es mucho más que poder llevar comida a mi mesa, es inclusión", dijo Carlos cuando realizaba sus compras en el supermercado. Foto: WFP/Hetze Tosta


En tanto, Brithanny Pamela, quien se dedicaba al comercio sexual, asegura que la ha estado pasando muy mal porque ha estado sin trabajo. "Esta ayuda recibida me motiva a seguir apoyando las actividades de la organización y a buscar oportunidades de emprendimiento", dijo Brithanny Pamela.


1*0r9FQ3GH10H0pjSBiJnZxg.jpeg
"Esta ayuda que nos ha entregado el Programa Mundial de Alimentos es de mucha bendición porque tengo seis meses de no trabajar", dijo Brithanny Pamela mientras realizaba el pago con su tarjeta de alimentos. Foto: Cortesía/Sasha Rodríguez


Mientras preparaba su almuerzo, JLo confesó que hace varios meses soñaba con comer cerdo frito y con la tarjeta pudo comprar cuatro libras para compartir con su familia. También comentó que el menú en su casa cambió drásticamente: en el pasado consumían frijoles solo en la cena; pero ahora por la difícil situación económica lo comen en los tres tiempos de comida.


Rubi Ferreira es parte de la junta directiva de Muñecas Arcoíris y trabajaba junto a su madre vendiendo en el mercado, pero antes de la pandemia un carro la atropelló y luego las ventas se suspendieron. "Nos quedamos sin un ingreso fijo, muchas veces sin poder pagar la casa. Incluso tuve que abandonar mis estudios pues no tengo cómo pagar el colegio", explicó Rubi mientras hacía las compras junto a su madre, una persona de la tercera edad.


1*iTQLdsWOR1nOHy8XGVmhXg.jpeg
"Trabajaba con mi madre en el mercado, pero con esta pandemia hasta del colegio me tuve que salir, pues por el confinamiento no podemos vender", comentó Rubi Ferreira durante sus compras en el supermercado. Foto: WFP/Hetze Tosta


Algo único e histórico


Por su parte, Donny comenta que ser considerados junto a otros grupos de beneficiarios para recibir esta asistencia humanitaria ha sido algo único para la comunidad. "Somos un grupo abandonado y estigmatizado, por lo que ser parte de los beneficiarios de esta ayuda es algo histórico", concluyo Donny, quien comentó que los beneficiarios representan a 20 organizaciones de la zona norte, sur y central de Honduras.


Conoce más sobre el trabajo del WFP en la pandemia