Tras Melissa en Cuba: volver a sembrar, volver a creer
El 28 de octubre, el huracán Melissa azotó Santiago de Cuba, derribando árboles, puentes y viviendas, y poniendo patas arriba la vida de quienes dependen del campo.
En la parcela donde Jorge Luis Rodríguez trabaja, el golpe fue doble: medios de vida y estructuras. “El ciclón nos dejó muy golpeados”, dice, señalando la nave de ovejas donde el techo cedió y el cercado quedó torcido. La finca, de 6,5 hectáreas con plátano, yuca, calabaza y pepino, además de cría de conejos, pavos y antes gallinas, amaneció con surcos anegados, caminos intransitables y animales desplazados y muertos.
La víspera, Jorge Luis no soltó el teléfono. “Hasta que la señal se complicó, evacuamos todo lo posible: equipos, herramientas y animales” . Cuando los vientos fuertes llegaron, tomó la decisión: “Salí de mi casa a otra vivienda, con mejores condiciones para protegernos del huracán”.
“Cuando volví a la mañana siguiente sentí un gran dolor, principalmente cuando vi mi casa, que estaba totalmente destruida. Rompí a llorar al ver la finca y los animales muertos.”
Jorge Luis y sus compañeros de parcela proveen de alimentos a distintos programas públicos de alimentación. El Programa Mundial de Alimentos (WFP) apoya esta iniciativa que estimula la producción mediante una demanda estructurada, diversifica las dietas y genera crecimiento económico.
Antes de Melissa, la finca había dado un salto con apoyo técnico y logístico: sistemas fotovoltaicos con turbina sumergible para el agua, motocultor, herramientas (palas, picos, azadones) y un triciclo eléctrico para llevar producción a escuelas y centros de salud gracias al proyecto financiado por la cooperación coreana.
“Antes pasábamos mucho más trabajo. Con los recursos de este proyecto, el trabajo se hizo más humano y pudimos abastecer mejor a educación y salud”, resume.
Priorizando lo esencial
Durante la emergencia, la coordinación fue vital: avisos oportunos, rutas de evacuación y protección de activos. “Nos mantuvimos hasta el último momento, priorizando lo esencial”. Ahora, ya comenzó la cuenta larga: reparar cercas, enderezar estructuras, drenar, resembrar, asegurar forraje y reorganizar la distribución hacia los destinos priorizados de la comunidad.
Jorge Luis comenta que el apoyo de WFP ha sido integral, fortaleciendo las capacidades de los productores, orientándoles para proteger la finca durante la emergencia, y en los insumos e infraestructura que les permiten levantarse y volver a producir.
Los daños están a la vista: parcelas inundadas, techos afectados y semanas de retraso en la producción. Aun así, la voluntad de avanzar es clara. “Estamos tratando de echar la finca hacia delante con los recursos que nos brindan; el trabajo no para”, afirma.
En este afectado sector del noroeste cubano, la recuperación avanza con paso firme. Los productores trabajan para restablecer sus medios de vida y asegurar el abastecimiento a los servicios esenciales mientras rehabilitan lo que destruyó el huracán. Como dice Jorge Luis: “Cuando llega el apoyo adecuado, la comunidad responde y seguimos produciendo para quienes dependen de nosotros”.