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Sequía en Guatemala: cómo Matilde protegió su sustento con un seguro climático

En Alta Verapaz, Guatemala, Matilde y su grupo perdieron sus siembras tras una sequía intensa. Pero no se quedaron de brazos cruzados. Gracias al seguro climático y a la formación que habían recibido, se reorganizaron, invirtieron en la crianza de cerdos y mantuvieron su actividad productiva. Su historia muestra que, cuando el clima deja de ser predecible, tener cómo responder puede marcar la diferencia entre empezar de nuevo o seguir adelante.
, Andrea Girón

Matilde Carolina Cucul Rax trabaja para sostener a su familia. 

Vive en Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz, junto a sus dos hijos. Con el tiempo ha encontrado distintas formas de generar ingresos: durante años vendió tortillas, luego abrió una pequeña tienda y, más recientemente, empezó con la crianza de animales de patio. 

Matilde Carolina Cucul Rax, socia del grupo Mujeres Indígenas y persona asegurada por el seguro paramétrico de WFP, en el entorno de su hogar en Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz. © WFP Guatemala / Claudia Lorente
Matilde Carolina Cucul Rax, socia del grupo Mujeres Indígenas y persona asegurada por el seguro paramétrico de WFP, en el entorno de su hogar en Fray Bartolomé de las Casas, Alta Verapaz. © WFP Guatemala / Claudia Lorente

No lo llama emprendimiento. Para ella, es trabajo: lo que le permite aportar en su casa y no quedarse esperando a que las cosas lleguen de fuera. 

Forma parte del grupo mujeres indígenas, un grupo de ahorro y crédito donde las mujeres se organizan para aprender, trabajar y decidir juntas cómo sostener sus ingresos. 

“Este grupo nos está dando conocimientos y enseñándonos a levantarnos nosotras las mujeres… cómo contribuir a mejorar las condiciones de nuestra familia”, cuenta. 

Ese esfuerzo depende en gran parte de algo que no pueden controlar: la lluvia. 

Durante el verano, la lluvia no llegó cuando se esperaba. La sequía se intensificó y lo que habían sembrado no resistió. 

“Teníamos nuestras siembras, pero no logramos nada… todo murió por el calor”, recuerda Matilde. 

Matilde muestra su tienda, un negocio familiar que contribuye al sustento de su hogar. © WFP Guatemala / Claudia Lorente
Matilde muestra su tienda, un negocio familiar que contribuye al sustento de su hogar. © WFP Guatemala / Claudia Lorente

Ahí tenían parte de lo que esperaban vender y también de lo que consumían en casa. La pérdida no fue solo agrícola. Significó quedarse sin una base para sostener los meses siguientes. 

A esto se sumaron incendios en las montañas cercanas. Se perdieron cultivos de cardamomo, achiote y banano. El impacto fue en cadena: menos producción, menos ingresos y menos margen para seguir. 

Lo que le pasó a Matilde no es aislado. En Guatemala, muchas familias dependen de la lluvia para cultivar, y cuando esta falla, las pérdidas pueden ser significativas, especialmente en comunidades rurales. 

Para las mujeres del grupo, la sequía puso en riesgo lo que habían construido. 

Meses antes, como parte de un acompañamiento del Programa Mundial de Alimentos (WFP), el grupo participó en capacitaciones sobre el seguro paramétrico. 

No es un seguro tradicional. Se activa automáticamente cuando la sequía alcanza ciertos niveles, sin necesidad de evaluar los daños uno por uno. 

También aprendieron qué hacer con el apoyo si llegaba ese momento. 

“Nos explicaron cuándo puede activarse… y también cómo usar bien ese dinero”, dice Matilde. 

En ese momento parecía algo lejano. 

Hasta que dejó de serlo. 

Cuando la sequía afectó sus actividades, el seguro se activó. 

“Mi grupo estaba asegurado… entonces nos ayudó para continuar trabajando”, cuenta. 

El dinero no resolvía todo, pero sí les permitió tomar decisiones y no quedarse paralizadas frente a la pérdida. 

Como grupo, evaluaron sus opciones y buscaron una actividad menos dependiente del clima. Eligieron la crianza de cerdos, algo que podían cuidar día a día. 

A diferencia de las siembras, esta vez tenían mayor control. 

“La crianza de cerdos… crecen rápido y no se ve tan afectado por el calor si los cuidamos bien. Esto nos ayudó mucho”. 

No fue solo recibir un apoyo. Tuvieron que adaptarse y reorganizarse. 

En contextos donde el clima puede interrumpir no solo una cosecha, sino también el ingreso de todo un hogar, proteger un sustento significa poder seguir sin empezar desde cero. 

“Estar asegurados nos ayuda mucho… en el momento que más lo necesitamos”. 

Este seguro forma parte de un esquema que, con el apoyo de FIDA, seguirá funcionando en Guatemala durante 2026 y 2027. La idea es que más familias puedan contar con este respaldo, aportando también una parte, mientras enfrentan mejor los impactos del clima. 

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