5 datos sobre la seguridad alimentaria y por qué son importantes en la Asamblea General de las Naciones Unidas
Mientras los líderes mundiales se reúnen en la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU) —el principal órgano de toma de decisiones de la ONU—, el hambre va en aumento, los choques climáticos se intensifican y los recursos humanitarios se ven sometidos a una gran presión.
A continuación se presentan cinco datos sobre la seguridad alimentaria y el hambre en el mundo, así como las medidas que el Programa Mundial de Alimentos (WFP) insta a adoptar en la AGNU.
1. 266 millones de personas se enfrentan a una situación de hambre aguda
Los conflictos, las crisis climáticas y las crisis económicas están empujando a millones de familias al hambre. Un total de 266 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda: no saben de dónde vendrá su próxima comida y se ven obligadas a tomar decisiones difíciles entre la alimentación, la asistencia sanitaria y otras necesidades básicas.
El hambre también puede contribuir al desplazamiento y agravar la inestabilidad en comunidades ya de por sí frágiles.
Dado que los conflictos siguen siendo la principal causa del hambre en todo el mundo, WFP insta a los líderes políticos a que ayuden a poner fin a los conflictos, protejan a la población civil y al personal humanitario, y garanticen el acceso humanitario a las personas necesitadas.
2. El déficit de financiación amenaza la lucha contra el hambre
A pesar de los avances en tecnología, agricultura y riqueza mundial, el hambre aguda ha aumentado drásticamente en los últimos años. Al mismo tiempo, la financiación humanitaria tiene dificultades para seguir el ritmo de las crecientes necesidades.
El resultado es que las organizaciones humanitarias se ven cada vez más obligadas a tomar decisiones difíciles sobre quién recibe la ayuda. La falta de financiación está obligando a WFP a reducir la asistencia alimentaria y a recortar sus operaciones en países como Afganistán, la República Democrática del Congo, Siria y Haití, incluso cuando millones de personas siguen padeciendo hambre aguda. Necesitamos 13 000 millones de dólares para llegar a 110 millones de personas en 2026.
A medida que las necesidades siguen creciendo, WFP insta a los Estados miembros y a los donantes a que proporcionen una financiación flexible y predecible que permita a las organizaciones humanitarias responder con rapidez y llegar a las personas que se enfrentan a las crisis de hambre más graves.
3. 2.600 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable
Para muchas personas, el problema no es la disponibilidad de alimentos nutritivos, sino si pueden permitírselos: 2 690 millones de personas no pueden costearse una dieta saludable.
Al mismo tiempo, 43 millones de niños sufren malnutrición aguda y 150 millones padecen malnutrición crónica, lo que pone en riesgo su salud, su desarrollo y sus oportunidades de futuro. Sin embargo, una buena nutrición es una de las inversiones más eficaces que pueden realizar las sociedades, ya que mejora la salud, refuerza la resiliencia y ayuda a los niños a alcanzar su pleno potencial. Por eso, WFP hace un llamamiento a una mayor inversión y a unas alianzas más sólidas para ayudar a ampliar la escala de soluciones de nutrición de eficacia probada.
4. El Niño podría sumir en el hambre a 49 millones de personas más
Los choques climáticos se están convirtiendo en uno de los principales factores de la inseguridad alimentaria en todo el mundo. El actual ciclo de El Niño podría empujar a otros 49 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria aguda para finales de 2027, especialmente en regiones ya afectadas por la pobreza, los conflictos y fenómenos meteorológicos extremos recurrentes.
La buena noticia es que muchos choques climáticos pueden preverse con meses de antelación. Esto brinda la oportunidad de actuar antes de que las sequías, las inundaciones, las tormentas y otros fenómenos extremos se conviertan en emergencias humanitarias.
El programa de «Acción Anticipatoria frente a los choques climáticos» de WFP utiliza previsiones, sistemas de alerta temprana y financiación preacordada para ayudar a las comunidades a prepararse antes de que se produzca una catástrofe. Solo en 2025, estas iniciativas contribuyeron a proteger a 6,3 millones de personas en 47 países.
A medida que los choques climáticos se vuelven más frecuentes y graves, WFP insta a los gobiernos y a los donantes a invertir en medidas de acción anticipada antes de que los choques previsibles se conviertan en emergencias a gran escala.
5. La innovación es una herramienta clave en la lucha contra el hambre
Desde la inteligencia artificial y el análisis de datos por satélite hasta las transferencias de base monetaria, los seguros contra riesgos climáticos y las medidas preventivas, la innovación está ayudando a las organizaciones humanitarias a trabajar más rápido, de forma más inteligente y con mayor eficiencia.
En 2025, las innovaciones respaldadas por WFP llegaron a 132,5 millones de personas en 75 países y territorios, mientras que tecnologías como la IA y el blockchain contribuyeron a mejorar la eficiencia y a aprovechar al máximo los recursos limitados.
El reto ahora consiste en ampliar las soluciones que han demostrado su eficacia para que puedan beneficiar a más personas y comunidades. Por eso, WFP hace un llamamiento a las empresas y a los socios tecnológicos para que aporten el capital, las capacidades, la tecnología y los conocimientos especializados necesarios para ampliar la escala de las innovaciones que han demostrado su eficacia.
Cuatro prioridades para un futuro con seguridad alimentaria
En la Asamblea General de las Naciones Unidas, WFP insta a redoblar los esfuerzos para poner fin a los conflictos y proteger el acceso humanitario, a aumentar la financiación destinada a las crisis de hambre más graves del mundo, a reforzar la inversión en medidas preventivas y a establecer más alianzas que permitan ampliar la innovación y los conocimientos especializados.
Con las inversiones adecuadas, las alianzas y el liderazgo político necesarios, es posible reducir el hambre, reforzar la resiliencia y construir un futuro con mayor seguridad alimentaria para millones de personas en todo el mundo.