Cómo un fenómeno de El Niño sin precedentes podría agravar el hambre en el mundo
WFP lleva meses advirtiendo sobre este fenómeno de El Niño de 2026-27. Ahora que ya está aquí, ¿qué estamos observando?
Richard Choularton: Las previsiones de principios de año apuntaban a un fenómeno de El Niño muy intenso. A medida que nos acercamos al final del año, los datos indican que es muy probable que este fenómeno de El Niño sea el más intenso de la historia. Esto significa que las previsiones apuntan a inundaciones, tormentas y sequías más intensas y generalizadas. Ya hemos visto los primeros efectos a principios de año en Centroamérica y en el Sahel (africano).
En Centroamérica, por ejemplo, se pronosticó una sequía muy grave para la «Primera» (abril-junio), es decir, la primera fase de la temporada de cultivo, incluso antes de que se declarara oficialmente El Niño. Cuando se produjeron las condiciones de sequía, los agricultores perdieron sus cosechas o obtuvieron rendimientos más bajos. Un mal comienzo de año tiene efectos en cadena: si los agricultores piensan que no va a ser un buen año, reducirán sus siembras, recortarán las inversiones y no contratarán mano de obra. Muchas de las personas que sufren mayor inseguridad alimentaria en la región —aquellas a las que ayuda WFP— compran hasta tres cuartas partes de sus alimentos con los ingresos que obtienen trabajando en otras explotaciones agrícolas.
WFP estima que este último fenómeno de El Niño podría empujar a 49 millones de personas a una situación de hambre aguda. ¿Qué países y regiones podrían verse más afectados?
RC: Nuestro análisis VAM (Análisis y Cartografía de la Vulnerabilidad) muestra que América Latina y el Caribe, junto con gran parte de África, Asia y el Pacífico, podrían sufrir algunos de los mayores impactos de El Niño.
Me preocupan especialmente dos tipos de lugares. En primer lugar, aquellos como Somalia, donde muchas comunidades ya se enfrentan a una grave crisis de hambre. Durante el último fenómeno de El Niño de 2022-23, WFP amplió sus operaciones para llegar a 10 millones de somalíes afectados por la sequía con asistencia alimentaria, y logramos evitar la hambruna. Esta vez, solo estamos llegando a 670 000 personas. No disponemos de los fondos necesarios para hacer más.
«En última instancia, las personas que sufren mayor inseguridad alimentaria serán las que más sufran las consecuencias». — Richard Choularton, experto en clima del WFP
El segundo tipo lo componen países que no se enfrentan a una crisis grave, pero que son muy vulnerables a los efectos de El Niño, como los de África meridional. Muchas comunidades de esa zona aún se están recuperando de las sequías provocadas por los fenómenos de El Niño de 2015-16 y 2022-23. Otra sequía grave podría agravar estos efectos, lo que daría lugar a una grave crisis alimentaria que requeriría un aumento significativo de nuestra capacidad de respuesta. Aunque la mayoría de estos países cuentan con sistemas de protección social, y estamos trabajando con socios humanitarios y gobiernos para prepararnos y mitigar los efectos de El Niño, nuestros recursos para responder son limitados. Debemos mantener nuestra atención centrada en estos países. De lo contrario, gran parte de sus avances en el fomento de la resiliencia y la mejora de la seguridad alimentaria podrían echarse a perder.
¿A qué otros retos se enfrentan los países con este último fenómeno de El Niño?
RC: Hay más comunidades que nunca sumidas en crisis alimentarias. Y disponemos de menos recursos para apoyarlas. Las interrupciones de las principales rutas comerciales provocadas por los conflictos —el estrecho de Ormuz, el mar Rojo y el mar Negro, lo que denominamos el «triple cuello de botella»— están teniendo efectos en cadena que se traducen en un aumento de los precios de los alimentos, el combustible y los fertilizantes.
Tomemos como ejemplo el sur de África. Con el aumento de los precios del combustible, el uso de tractores resulta más caro, por lo que se ara menos tierra de cultivo. Se utilizan menos fertilizantes, semillas y otros insumos, o de menor calidad, lo que se traduce en menos superficie sembrada, menor producción y menores ingresos para los trabajadores. Si a esto le sumamos una sequía provocada por El Niño, cabe esperar que en 2027 se produzcan repercusiones muy graves en la seguridad alimentaria. En última instancia, serán las personas que ya sufren mayor inseguridad alimentaria las que noten los efectos más graves.
¿Qué está haciendo WFP para evitar lo peor?
RC: Hace una década, llegamos a un punto en el que nuestras alertas tempranas eran lo suficientemente precisas como para actuar antes de que se produjeran inundaciones, sequías y tormentas. Durante el fenómeno de El Niño de 2015-2016, pusimos a prueba nuestro primer programa de financiación basado en previsiones, ahora conocido como «acción anticipatoria». En Zimbabue, donde probamos el programa, el distrito al que prestamos apoyo vio cómo su índice de consumo alimentario solo descendía un 2 % tras una sequía provocada por El Niño, frente a una caída del 35 % en el distrito vecino.
«(WFP) Nuestro objetivo era llegar a un millón de personas con la “acción anticipatoria” en 2026. Alcanzamos esa meta ya en junio». — Richard Choularton, del WFP
Este año contamos con más herramientas y mejores análisis: estamos mejor preparados. Nuestras oficinas en los países han estado poniendo en marcha planes de acción anticipada, ampliando la financiación para el riesgo de desastres, mejorando la preparación y acelerando las actividades comunitarias de reducción del riesgo de desastres siempre que ha sido posible para limitar los efectos de El Niño. Nuestro objetivo era llegar a un millón de personas con medidas de acción anticipada en 2026. Alcanzamos ese objetivo ya en junio. Hoy en día, contamos con planes de acción preventiva en unos 51 países —con una financiación de 80 millones de dólares—, listos para ponerse en marcha cuando los indicadores de las previsiones alcancen los umbrales predefinidos. Esto supone un cambio enorme en el sistema humanitario mundial, así como en la forma en que muchos gobiernos gestionan los crecientes riesgos climáticos.
Actuar con antelación ahorra dinero. Cuanto antes consigamos que las personas vuelvan al trabajo y puedan satisfacer sus propias necesidades, antes podremos dejar de prestar asistencia. Por ejemplo, el año pasado en Haití transferimos 100 dólares estadounidenses a 50 000 hogares en situación de inseguridad alimentaria, junto con mensajes de alerta temprana a millones de personas antes de la llegada del huracán Melissa. Esto permitió a los hogares comprar alimentos antes de que la tormenta tocara tierra, cuando aún estaban disponibles y eran asequibles, así como otros suministros para capearla.
También colaboramos con los gobiernos para que puedan hacer más por reducir los riesgos de desastre en las comunidades en situación de inseguridad alimentaria. En Filipinas, en 2022-23, por ejemplo, WFP apoyó al Gobierno filipino para ayudar a 700 comunidades a construir estanques de retención de agua antes de una sequía provocada por El Niño. WFP aportó 50 000 dólares estadounidenses y asistencia técnica, lo que ayudó al Gobierno a poner en marcha un programa a escala nacional que sigue ampliándose, protegiendo a la población frente al fenómeno de El Niño de este año.
Dada la intensificación de El Niño, ¿cuál es su mensaje para la comunidad internacional?
RC: Tenemos que aprovechar al máximo los recursos de los que disponemos. La mejor manera de hacerlo es actuar lo antes posible, para ayudar a la población a reducir los efectos de El Niño. Así podrán recuperarse lo antes posible.