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Cultivando la paz en Colombia

Tras 52 años de guerra y violencia, comunidades afectadas construyen la paz a través de la educación y producción de alimentos.
, WFP Colombia
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Mural en Institución Educativa Concentración de Desarrollo Rural (CDR) en Saravena, Colombia. Foto: WFP/Lorena Peña


"La paz es el camino" es uno de los grafitis que se encuentra en las paredes del antiguo Espacio de Capacitación y Reincorporación-ETCR Filipinas *, el más grande del país, ubicado en el municipio de Arauquita, en donde a diario 187 excombatientes y sus familias realizan proyectos productivos en su proceso de reincorporación.


Se dedican aquí a actividades agrícolas, avícolas y de piscicultura para diversificar la producción y consumo de alimentos. También los venden en mercados locales.


"El alimento es lo más fundamental en la vida de cualquier ser humano, esté donde esté, haga lo que haga. Un pueblo con hambre no avanza, retrocede", dice Edgar.


Para los excombatientes, se trata de volver a empezar desde un punto de partida que conocen muy bien. Sus padres son agricultores, y ellos fueron criados en el campo.


Edgar ingresó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a los 15 años con dos hermanos. Con la firma del Acuerdo de Paz, cambió las armas por cebollas que cultiva con dedicación.



El proceso ha significado un gran cambio para él y los demás excombatientes. Entienden lo que está en juego.


"No queremos que mueran más colombianos en un conflicto absurdo. Más bien dediquémonos a producir, a cosechar, a trabajar en el campo, a que sea una Colombia próspera, que sea una Colombia donde los hijos de nuestros hijos tengan la garantía de estudios y trabajo. Es lo que nosotros queremos", dice Edgar.


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Georgina con la producción de frijol en la huerta comunitaria con el apoyo del WFP y la Universidad Nacional de Colombia. Foto: WFP/Lorena Peña


Cosechando esperanza


La violencia obliga a las familias a abandonar sus hogares y crea un entorno propicio para el hambre, que a su vez genera más inestabilidad. Este año, en respuesta a un incremento en los incidentes violentos que se presentan en el país, el Programa Mundial de Alimentos (WFP, por sus siglas en inglés) ha aumentado también las intervenciones en apoyo a las comunidades afectadas por la violencia, desplazadas y confinadas, brindado asistencia humanitaria a más de 110.000 personas.


"Tengo una oportunidad de salir adelante yo sola con mis hijos a pesar de todo lo que he vivido", asegura Georgina.


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Georgina y sus dos hijas cuidan la huerta. Foto: WFP/Lorena Peña


Georgina es una de ellas. Su padre fue asesinado cuando ella aún era una bebé. Hoy quiere dejar atrás un pasado doloroso, y brindar a sus hijos un aire de esperanza en la huerta comunitaria en Panamá de Arauca.


"Ya no tengo que comprar hortalizas ni verduras porque acá mismo nos han enseñado a cultivarlas", afirma Georgina. "Esto me ha servido para poder llevar alimentos a mis hijos, a mi hogar, estar con ellos, compartir con muchas familias. Tengo una oportunidad de salir adelante yo sola con mis hijos a pesar de todo lo que he vivido."



En Colombia, cada vez más se están creando diferentes proyectos que benefician a miles de personas y familias. Son espacios que se han convertido en territorios de paz y reconciliación. WFP ha sido un aliado de dichos procesos y seguirá trabajando para fortalecer a las comunidades, mejorando su seguridad alimentaria y construyendo paz.


Educando por la paz


En Saravena, al noroccidente del departamento de Arauca, una escuela es la prueba de que la paz es un pilar del desarrollo y las nuevas oportunidades. La Institución Educativa Concentración de Desarrollo Rural (CDR) José Antonio Galán recibe en sus aulas diariamente a víctimas del conflicto, migrantes, hijos de excombatientes, y niños y niñas con discapacidad.


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Emperatriz Montes (der.), Rectora de la Institución Educativa Concentración de Desarrollo Rural (CDR) José Antonio Galán, junto a estudiantes recién graduados. Foto: WFP/Lorena Peña


"Hemos tenido casos de niños que lloran de hambre", comenta Emperatriz.


Emperatriz Montes, rectora de la institución, ha emprendido la tarea de impulsar la educación de estas niñas, niños y jóvenes, a través de iniciativas holísticas e innovadoras que involucran al resto de la comunidad. Sin embargo, el camino no ha sido fácil debido al contexto y las condiciones de vida de los estudiantes.


"En el 2018 encontramos que de 872 estudiantes, 420 eran víctimas de la violencia, 72 estudiantes tenían al menos un familiar desaparecido y 32 vivían con familiares víctimas de minas antipersona. Muchos alumnos vivían en extrema pobreza y con altos porcentajes de desnutrición. No podíamos hablarles de factorización cuando en su casa vivían una tragedia. Hemos tenido casos de niños que lloran de hambre", cuenta Emperatriz.


En 2019 empezaron a desarrollar proyectos productivos con formación agropecuaria y piscícola para los estudiantes, con el apoyo de WFP. Adicionalmente, las familias más vulnerables recibieron bonos redimibles para la compra de mercados.


Su sueño es construir paz desde la educación y la producción de alimentos.


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María Romero, madre venezolana, junto con sus hijos en casa. Tiene un árbol de frijol guandul, gran fuente de proteína vegetal, en su patio. Foto: WFP/Lorena Peña


Con la llegada de la pandemia, la huerta escolar se convirtió en casera, y pronto los estudiantes y sus familias implementaron aulas vivas en sus casas con el apoyo del WFP, la Universidad Nacional de Colombia y el CDR. Los cuidados de la huerta no solo mantienen activos a los pequeños, sino que también alivianan los costos de la canasta familiar y promueven una dieta saludable con la variedad de frutas y verduras que producen.


Los cuidados de la huerta no solo mantienen activos a los pequeños, sino que también alivianan los costos de la canasta familiar.


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Proyecto piscícola en predios del CDR con apoyo del WFP y su socio implementador, la Universidad Nacional de Colombia. Foto: WFP/Lorena Peña


"Sembramos cilantro, pepino, tomate, remolacha… yo nunca había visto una mata de remolacha! Tuvimos mucho aprendizaje con la huerta… ellos [mis hijos] ya saben cómo se siembra el pepino, el tomate… ¡es una bendición!", cuenta emocionada María Romero, madre venezolana con dos hijos que actualmente estudian en el CDR.


El Programa Mundial de Alimentos en Colombia apoya ex combatientes, víctimas del conflicto y comunidades aledañas en su reintegración socioeconómica a través de la agricultura y el mercadeo de sus productos. La Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) y la Universidad Nacional de Colombia son socios importantes.


*Desde el 2017, el Programa Mundial de Alimentos en Colombia está apoyando 18 antiguos ETCR en ocho departamentos del país con proyectos productivos que buscan la reincorporación económica como un aporte a la construcción de paz, y también contribuyen al empoderamiento de las mujeres para mejorar sus ingresos, lograr el reconocimiento de sus derechos y la prevención de la violencia basada en género.


Historia disponible en inglés: Putting down weapons to grow peace in Colombia | World Food Programme (wfp.org)


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