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El recorrido de un kit de alimentos

Tras el huracán Melissa en Jamaica, miles de familias quedaron sin alimentos. Gracias a la preparación previa, WFP entregó rápidamente kits de comida pese a las difíciles condiciones, brindando alivio inmediato, dignidad y esperanza a quienes lo habían perdido todo.
, Oficina multipaís de WFP en el Caribe

Cuando el huracán Melissa arrasó Jamaica, dejó algo más que escombros: dejó cocinas vacías y familias sin saber cómo iban a comer al día siguiente. En esos primeros días, una sola pregunta resonaba en cada barrio inundado, en cada casa sin techo.

“¿Cómo vamos a comer?”

Preparados antes de que llegara la tormenta

El viaje de los kits de alimentos de WFP comenzó semanas antes de que Melissa tocara tierra. Al inicio de la temporada de huracanes, el equipo de adquisiciones negoció un acuerdo con una cadena regional de supermercados en Barbados: arroz, frijoles y aceite listos para despachar en cualquier momento. También aseguraron cajas resistentes almacenadas, porque en una emergencia, los detalles que parecen menores son los que más retrasos causan.

Cuando Melissa golpeó, esa preparación se convirtió en acción. En cuestión de horas, las reservas se activaron. En Barbados, el personal de WFP empaquetó los alimentos con rapidez. Cada caja se selló, se apiló en palés y se cargó en aviones y barcos. Cada kilómetro recorrido era un kilómetro menos entre la ayuda y las familias que la necesitaban.

Carreteras inundadas, helicópteros y cadenas humanas

Llegar a Jamaica fue solo la mitad del recorrido. Los camiones se abrieron paso por carreteras anegadas y junto a casas destruidas. En los puntos de distribución, voluntarios formaron cadenas humanas para pasar las cajas de mano en mano. En las comunidades más aisladas, donde no había carretera posible, los helicópteros descendieron para entregar los alimentos directamente.

El momento en que un kit llegaba a una familia tenía un peso difícil de describir. Cada caja era un recordatorio concreto de que Jamaica no estaba sola.

"Significa que podremos comer"

Para Dian, madre de un hijo con discapacidad, los días que siguieron al huracán fueron de una tensión constante. Racionaba lo poco que quedaba, estirando cada comida hasta donde daba. Cuando el kit de WFP llegó a sus manos, lo sostuvo fuerte, como quien aferra un salvavidas.

Lo abrió en su pequeña cocina y sacó el arroz, los frijoles, el aceite. Encendió la hornilla. Mientras la olla hervía, el aroma llenó el cuarto de baño de su casa — el único espacio que el huracán había dejado en pie.

Jamaica. Dian recibió ayuda alimentaria de emergencia de WFP el 4 de noviembre.

"Esta caja puede parecer sencilla, pero para nosotros lo es todo. Significa que podremos comer."

 

Más que una cadena de suministro

El recorrido de un kit de alimentos no termina cuando llega a sus manos. En el momento inmediato después del desastre, garantizó comidas seguras y nutritivas para familias que no tenían nada. Pero también devolvió algo que no aparece en ningún inventario: la dignidad. Y sentó las bases para un apoyo más duradero, como la asistencia en efectivo que siguió en las semanas posteriores.

Jamaica se está reconstruyendo. Pero el recuerdo de esa primera comida después del huracán permanece. Porque la recuperación no empieza solo con ladrillos y techos nuevos — empieza también con el olor de algo que hierve en la olla, con saber que hoy sí habrá qué comer.  

Conoce más sobre el trabajo del Programa Mundial de Alimentos en El Caribe.

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