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Cuba: repensando la agricultura frente a la crisis climática

Alcanzar sistemas alimentarios sostenibles frente la crisis climática es una necesidad y un desafío al que se encaminan varios de los proyectos actuales en los que WFP brinda su apoyo y asistencia técnica.
, Por Dalila Castro Fontanella
Toma en primer plano de una plántula sostenida en la mano de un agricultor. Al fondo aparecen más plántulas dentro de un vivero.
Foto: WFP/Yursys Miranda Rodríguez

Amanecer en la finca de Yankiel Vázquez (Payo) en Sagua la Grande, Villa Clara, es sumirse en un verdor uniforme de pequeñas plántulas. En su nueva casa de posturas (vivero), tomate, ají y col germinan y crecen hasta alcanzar el tamaño necesario para ser trasplantadas a la tierra. A través de viveros urbanos como el de Payo, la agricultura se abre camino en las ciudades de Cuba.

Ante el aumento de las temperaturas y los imprevisibles fenómenos meteorológicos extremos, WFP apoya a los pequeños productores cubanos, para que fortalezcan su resiliencia y al mismo tiempo contribuyan a satisfacer la creciente demanda de alimentos. 

Estas son cuatro miradas nuevas a la agricultura en Cuba, frente a la crisis climática:

Payo, un agricultor cubano, camina entre las plántulas que crecen en su vivero.
Payo en su casa de posturas. Foto: WFP/Yursys Miranda Rodríguez

Casas de posturas: Germinar, trasplantar, comer

Junto a otros 40 productores en los municipios de Encrucijada, Caibarién y Sagua la Grande, Payo se ha convertido en un experto en medir la humedad ambiental, controlar la temperatura y asegurar la luz de sus párvulas plantas.  

"Dentro de la casa de posturas estoy logrando un 98 % del total de semillas que planto. Esto es una bendición: yo echaba las semillas a la tierra y no brotaban”, comenta Payo.

La casa de posturas urbana de Payo produce hasta 90.000 plantas de diversos cultivos. Este tipo de cultivo garantiza alimentos aún fuera de época y contrarresta el impacto de la crisis climática, pues disponen de una malla que regula las radiaciones solares y facilita el riego de agua en forma de lluvia, tal como sucede en la naturaleza.

Toma de una plantación dentro de un semiprotegido, una malla que cubre las plantas que crecen para protegerla del sol y la lluvia excesiva.
Vista de un semiprotegido, clave para la producción agrícola cubana. Foto: WFP/Yursys Miranda Rodríguez

Semiprotegidos: Verduras resguardadas del sol

En el trópico, la lluvia y el calor complican el cultivo de muchas verduras. El semiprotegido –una casa con malla—regula entre un 35 y un 40 % la radiación solar, lo que permite el cultivo incluso durante una sequía, y que la planta crezca más rápido. 

“Tenemos cuatro casas semiprotegidas y una sola de estas nos da entre 200 o 400 cajas de lechuga o col china cada 25 o 30 días. Sin embargo, a cielo abierto una planta de éstas demora alrededor de 40 días para obtener la producción”, explica Germán Broche, agricultor del municipio de Camajuaní, provincia de Villa Clara. Ahora, German vende sus verduras a las escuelas cercanas para que los niños y niñas vayan a clase y crezcan sanos. 

El señor Germán Broche, quien viste una camiseta amarilla y un gorra de béisbol, aparece sentado frente una casa semiprotegida y a un costado de una plantación.
Germán Broche frente a una casa semiprotegida. Foto: WFP/Yursys Miranda Rodríguez

Menos costo, más alimentos: Energía solar para el riego

A través del apoyo de WFP, Germán ha instalado un sistema de riego con paneles solares con los que ha aumentado su producción y reducido sus costos. Antes producía 10 toneladas de alimentos por hectárea mientras que hoy produce 20 toneladas porque riega más rápido. 

“Antes para regar una hectárea gastaba diariamente de 10 a 20 litros de diésel, y con este sistema no gasto nada”, añade Germán. 

Un hombre con gorra roja su hija, su hijo (al centro ambos) y su esposa (a la derecha de la foto) revisan un puñado de frijoles negros recién cosechaddos. Los niños y la mujer están sentados mientras que el hombre (a la izquierda) está de pie.
FOTO Dixan y su familia revisan los frijoles con alto valor nutricional. Foto: WFP/Marianela Lavandero

Súper semillas: Granos resistentes y nutritivos

Dixán Pérez tiene sus cultivos en el municipio de Manatí,  uno de los más áridos de Cuba. en la provincia de Las Tunas, aprendió que debía usar variedades de semillas y posturas más tolerantes al clima para superar los efectos de la sequía y reducir sus pérdidas. 

Durante una feria de semillas organizada por la Unidad de Extensión, Investigación y Capacitación Agrícola (UEICA) y apoyada por WFP, Dixan descubrió hace años el frijol CubaNa-23 (negro), una semilla más tolerante a enfermedades y resistente a la sequía. Aunque este frijol no era el de mayor rendimiento, él lo escogió porque quería que sus dos hijos lo comieran por su alto contenido en proteínas, hierro y zinc. 

Convencido del potencial de este frijol, Dixan se dedica a promover su siembra y el consumo entre los más pequeños. Une estudio realizado entre los consumidores de esta legumbre ha demostrado que quienes la consumen con regularidad aumentan los niveles de hemoglobina. “Año tras año, me dedico a sembrar este frijol y es un orgullo que los niños, niñas y embarazadas consuman lo que se produce en un pequeño espacio de mi finca”, concluye Dixan.

Los proyectos e iniciativas antes mencionadas fueron posibles gracias a financiamientos recibidos de la Unión Europea, la República de Corea (KOICA), el FIDA a través de la facilidad para la Cooperacion Sur-Sur con apoyo de la República Popular China, así como el acompañamiento FAO y WFP.

 

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