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Acto Inugural: Conferencia de Hambre, Pobreza y Migración

PANAMÁ - Gemmo Lodesani, Director Regional del Programa Mundial de Alimentos (PMA) para América Latina y el Caribe, da un discurso con motivo de la apertura de la Conferencia Regional de "Hambre, Pobreza y Migración en los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)".

ACTO INAUGURAL

Palabras por Gemmo Lodesani

Director Regional para América Latina y el Caribe

Programa Mundial de Alimentos

Panamá, 4 de octubre de 2011

 

Su Excelencia, Roxana Méndez, Ministra de Gobierno de la República de Panamá,

Su Excelencia, Efrén Arnoldo Bernal Chévez, Embajador de El Salvador en Panamá,

Distinguidos panelistas e invitados especiales,

Damas y Caballeros,

                                             
                                     

Me es grato reunirme hoy con Uds. para dar inicio a la serie de disertaciones y discusiones que examinarán más profundamente la relación entre hambre, pobreza y migración.  En primer lugar, deseo agradecer a cada uno de ustedes su presencia en esta conferencia, y el interés que demuestran en una temática que cada día tiene mayor relevancia para nuestra región.

Anoche, en la Biblioteca Nacional Ernesto J Castillero,  tuvimos el honor de presentar el número extraordinario de la revista Border-Lines, publicada conjuntamente con el Centro Latino de Investigación de la Universidad de Nevada, Reno y el Programa Mundial de Alimentos, cuyo título “Seguridad alimentaria y migración internacional” recoge los aportes de la conferencia que, con el mismo nombre, celebramos en septiembre del año pasado en Nevada, Estados Unidos.

Con el ánimo de impulsar una agenda de investigación y propuestas concretas, el PMA y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en colaboración con el Banco Centroamericano de Integración Economica (BCIE) y el Programa Regional de Seguridad Alimentaria y Nutricional para Centroamérica (PRESANCA II), han aunado esfuerzos para llevar a cabo esta conferencia internacional sobre “Hambre, pobreza y migración en los países del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)”.

El tema que nos convoca hoy aquí es de suma importancia porque propone una mirada integral al complejo tema de la migración, con el fin de apoyar a los gobiernos en los esfuerzos que realizan para atender un fenómeno que tiene enormes consecuencias sociales, políticas y económicas.  Esperamos realizar aportes significativos que contribuyan a un mejor entendimiento de las razones detrás de los enormes flujos migratorios no autorizados, así como de sus impactos, y a solventar un problema que puede seguir aumentando de manera alarmante.

Como se ha mencionado con anterioridad, es importante reconocer que la migración es un fenómeno multicausal.  A través de investigaciones, estudios y estadísticas, se ha demostrado que la migración de forma ordenada ha favorecido muchas sociedades porque los migrantes aportan creatividad, dinamismo y diversificación en los lugares donde se establecen. Pero, ¿qué causas hay detrás de la migración? ¿Cuál es el móvil para que las personas abandonen sus países, sus residencias y sus familias para establecerse en otros lugares y empezar una vida nueva?

Según datos del Pew Hispanic Center, un porcentaje importante de los migrantes no autorizados que entran a Estados Unidos proviene de América Latina, principalmente de México, pero también de otros Estados centroamericanos, particularmente El Salvador, Guatemala y Honduras.  Según este mismo centro y otras investigaciones, los inmigrantes no autorizados se trasladan principalmente por razones económicas y personales.   A pesar de la incertidumbre y la inseguridad que implica establecerse en un lugar nuevo, la atracción del factor económico es muy importante.

Gran parte del debate actual sobre migración se centra en asuntos de legalidad. Mientras que ésta es una parte importante de la política de inmigración, las causas de la migración no autorizada no tienen su origen en la ley. Entre 1990 y 2009, los gastos de los Estados Unidos para impulsar el cumplimiento de las leyes fronterizas aumentaron de mil millones de dólares a quince mil millones de dólares.  Durante este período, la población inmigrante no autorizada en los Estados Unidos aumentó de 3 millones a casi 12 millones de personas.

Para entender el fenómeno debemos, en consecuencia, prestar atención a otros factores, particularmente de índole socioeconómica.  En términos de distribución del ingreso, América Latina y el Caribe es una de las regiones de mayor desigualdad en el mundo.

Hambre y pobreza afectan a grandes grupos de población, pero esto de alguna manera se esconde detrás de los promedios nacionales. A pesar del progreso obtenido a niveles nacionales, los indicadores en materia de salud, educación, nutrición e ingreso son bajos en los grupos en situación de mayor vulnerabilidad, principalmente, niñas y niños pequeños, mujeres embarazadas y grupos indígenas y afro descendientes. Las desigualdades estructurales (incluyendo aquéllas relacionadas con la pobreza, el género y la etnicidad) se traducen en diferencias extremas en las capacidades y oportunidades entre diferentes grupos sociales dentro de estos países.

Entre estas desigualdades, las que más sobresalen son las prevalencias de hambre y desnutrición en la región. Según datos de UNICEF del año 2010, seis de los ocho países representados en esta conferencia tienen prevalencias de desnutrición crónica por encima del 19 por ciento.

Aunado a esta ya grave situación, las crisis globales, energéticas y financieras, el cambio climático y los recurrentes desastres naturales que azotan a nuestro hemisferio, contribuyen significativamente al deterioro de la calidad de vida de millones de ciudadanos, afectando mayormente a los sectores más desprotegidos.

 Según información proporcionada por el Programa Mundial de Alimentos, la crisis del alza de precios de los alimentos ha golpeado fuertemente esta región y continúa haciéndolo.  Por ejemplo, el precio del maíz—elemento fundamental en la dieta centroamericana—ha aumentado en el segundo trimestre de 2011 en Guatemala, Honduras y Nicaragua ha aumentado en un 15, 16 y 22 por ciento, respectivamente, en comparación con el primer trimestre de este año.  En Nicaragua casi el 90 por ciento de la población ha reducido la cantidad de alimentos que consume.

No menos importantes son los efectos del cambio climático, en particular los efectos sobre el agua, la salud, la vivienda, y por supuesto la tierra.

El estudio sobre la “Dimensión nutricional de las redes de protección social en Centroamérica y la República Dominicana”, publicado en 2010, por el PMA en colaboración con otras agencias e instituciones educativas, señala que el planeta está frente a una crisis financiera global, así como una crisis alimentaria y ambiental, cuyas repercusiones ya son evidentes. Estas crisis están frenando el progreso en el alcance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y sumiendo a millones de personas en la pobreza y pobreza extrema, incrementando la inseguridad alimentaria y nutricional y la desnutrición infantil, lo que a su vez eleva el riesgo de problemas sociales y políticos en muchos países de la región.

Nuestros países comparten una historia común vinculada a situaciones de conflicto, desastres naturales frecuentes y migración acelerada, hechos que los sitúan en mayor riesgo social y dificultades para hacer frente a esta problemática.

A pesar de los grandes esfuerzos realizados por los gobiernos, una de las áreas que registra los menores avances en la región es la reducción del hambre y la desnutrición infantil. No obstante, existen numerosas evidencias que demuestran que la desnutrición impacta negativamente la salud, la educación y la productividad de las personas durante todo el curso de la vida, y tiene serias consecuencias sobre el desarrollo de las naciones.

Un estudio llevado a cabo por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y el PMA estimó que, en 2004, el hambre representó un costo económico para los países centroamericanos cercano a los 6.7 mil millones de dólares.  Estos costos se relacionan, principalmente, con pérdidas en la productividad debidas a una mayor incidencia de enfermedades y muerte y menores niveles educativos relacionados con el hambre.  La gravedad de esta situación impone la aplicación por parte de los países de una serie de medidas sociales, económicas y políticas para ser implementadas en el corto, mediano y largo plazo, tomando en cuenta la urgente necesidad de la inversión y las intervenciones en el ámbito nutricional.

Dentro de estas medidas se ubican los programas de apoyo a la pequeña producción agrícola, así como los sistemas integrales de protección social de carácter universalista, enmarcados dentro de un enfoque de derechos humanos, que a su vez den prioridad a quienes más necesitan de la protección social.

La cooperación internacional, las instituciones educativas y los gobiernos tenemos el compromiso y la obligación de apoyar el fortalecimiento de estos sistemas de protección social, los que a su vez pueden tener un impacto significativo en los flujos desmesurados de personas y en la estabilidad política y social de nuestros pueblos.

Les auguro una jornada productiva y expreso mi confianza de que al final de la misma podamos delinear pasos a seguir en esta complicada agenda de erradicar el hambre, la pobreza y regularizar los flujos migratorios, de manera tal que podamos encaminar a nuestros países hacia un futuro más seguro, prometedor y equitativo para sus ciudadanos.

No puedo finalizar mis palabras sin antes agradecer a mi predecesor en el cargo de Director Regional del PMA para América Latina y el Caribe, Sr. Pedro Medrano, por su iniciativa y perseverancia por adelantar pasos hacia esta agenda de investigación.

Muchas gracias y sean todos ustedes bienvenidos a nuestra conferencia sobre “Hambre, pobreza y migración en los países del SICA”.