El ébola en el este de la República Democrática del Congo: cómo la asistencia alimentaria de WFP está ayudando a las familias
Cuando Jacques llevó a su hija de 5 años al hospital para que la atendieran, ya era demasiado tarde. Con fiebre y vomitando sangre, la niña falleció poco después de llegar: la última víctima de un brote de ébola que se propaga rápidamente y que ahora azota una amplia franja del este de la República Democrática del Congo.
Hoy, Jacques teme que su mujer pueda ser la próxima víctima de la rara y mortal cepa Bundibugyo del virus del Ébola, que ha matado y contagiado a cientos de personas desde que comenzó el brote a mediados de mayo. Más de seis semanas después, los expertos temen que la 17.ª epidemia de ébola de la RDC pueda convertirse en la mayor del país hasta la fecha, al tiempo que agrava considerablemente la grave hambruna que ya afecta a 10 millones de personas en todo el este del país.
Una crisis humanitaria agravada por el conflicto
Puesta en cuarentena por los trabajadores sanitarios, la esposa de Jacques permanece en una sala de aislamiento, lo que aumenta aún más la preocupación de una familia que se ha quedado sin recursos y sin hogar a causa de la violencia que azota la región. (Por motivos de privacidad, el WFP no revela el apellido de Jacques ni los nombres de su esposa y su hija).
«Ahora, mi vida ha cambiado mucho y se ha vuelto muy difícil», afirma Jacques, que compagina las visitas a su esposa con el cuidado de una familia de 13 miembros que ahora se refugia en una iglesia de la localidad de Beni.
«El brote no es solo una emergencia sanitaria, es una crisis humanitaria. Y no lo conteneremos únicamente con medidas médicas», afirma Ibrahima Diallo, director adjunto del WFP en la República Democrática del Congo, quien dirige las operaciones de respuesta al brote que se ha extendido al menos a tres provincias congoleñas. También se han registrado casos en la vecina Uganda.
Por qué la asistencia alimentaria forma parte de la respuesta al ébola
WFP ha intensificado el envío de asistencia alimentaria y otra ayuda humanitaria a las zonas afectadas por el ébola. Estamos proporcionando comidas calientes a los pacientes, a sus familiares y al personal sanitario, junto con raciones de alimentos para llevar a casa y apoyo de nutrición a otras personas vulnerables, lo que en conjunto beneficia a más de 1,2 millones de congoleños. La asistencia alimentaria ayuda a los pacientes y a sus familiares a permanecer en observación, reduce la necesidad de que las personas tengan que desplazarse en busca de alimentos y respalda los esfuerzos más amplios para contener la propagación del ébola.
También estamos proporcionando servicios de logística, telecomunicaciones y transporte aéreo para trasladar a los trabajadores humanitarios y la carga esencial a la primera línea de la crisis del ébola en el este de la República Democrática del Congo.
«Pero tenemos que hacer más y tenemos que hacerlo más rápido, a gran escala y con los recursos necesarios», afirma Diallo sobre la respuesta del WFP. Y añade que, en una región azotada por el conflicto, «necesitamos un acceso seguro y sostenido».
El conflicto amenaza con intensificar la propagación del ébola
Los años de enfrentamientos armados que han desarraigado a millones de personas en todo el este también amenazan con propagar aún más el virus, ya que las personas que se desplazan buscan nuevos lugares donde refugiarse. Ese fue el caso de Jacques y su familia, que huyeron de su hogar en Bukavu, la capital de Kivu del Sur, y realizaron un viaje a pie de varios días hasta Beni, en la provincia de Kivu del Norte. Ahora sobreviven gracias a los trabajos esporádicos que les ofrecen los lugareños y a la asistencia alimentaria del WFP.
«Esa es la única comida que tenemos ahora mismo», dice Jacques refiriéndose a la ayuda. «Nos ayuda enormemente».
Pero no es suficiente para alimentar a su numerosa familia. «Si se agotan estas reservas de alimentos», añade, «no sé qué haremos después».
Los alimentos de WFP también son un salvavidas para muchas otras personas. En un centro de tratamiento del ébola a las afueras de Beni, los cocineros preparan grandes ollas de puré de patatas y verduras sobre hornillos de gas. Los trabajadores, equipados con material de protección individual, las sirven en recipientes de plástico a las madres y otros familiares que cuidan de los pacientes.
«La comida (de WFP) que recibimos nos ayuda de verdad», dice Glorieuse, mientras cuida de su hijo de tres años en el centro.
Glorieuse llevó a su hijo al centro la semana anterior para que lo trataran, ya que había empezado a sangrar por la nariz. Su marido cultiva cacao y hortalizas en campos lejanos y, debido a la presencia de grupos armados en la zona, no puede realizar el peligroso viaje hasta la ciudad.
Antes de la ayuda de WFP, explica Glorieuse, «no podíamos alimentarnos».
Subida de precios y hambre
Las consecuencias del ébola están agravando el hambre de múltiples formas. El cierre de fronteras, las restricciones de movimiento y las interrupciones del comercio relacionadas con el brote están haciendo subir los precios de los alimentos y el combustible. Los precios tanto de los productos importados como de los locales se han disparado en las provincias afectadas por el ébola, y los comerciantes prevén que seguirán subiendo.
«Necesitamos estabilizar el suministro de alimentos y los medios de subsistencia, para que la gente no se vea obligada a desplazarse simplemente para sobrevivir», afirma Diallo, del WFP. «Y necesitamos una financiación oportuna y flexible para mantener en funcionamiento la asistencia alimentaria, las cadenas de suministro, la logística y el apoyo aéreo durante todo el tiempo que esta crisis lo exija».
El apoyo de WFP se dirige a muchas otras personas que se encuentran en primera línea de la crisis. En el Hospital General de Aru, en la provincia de Ituri —epicentro del brote—, el director médico interino, el doctor Moise Agino, afirma que la ayuda alimentaria de WFP contribuye a mantener motivado a su personal y aumenta las posibilidades de supervivencia de sus pacientes.
«El apoyo de WFP es muy importante porque nuestra atención es integral: abarca los aspectos médicos, psicológicos y de nutrición», afirma el Dr. Agino, que supervisa la unidad de ébola del hospital, dotada de siete camas. «Sin este apoyo de nutrición, no podríamos lograr las recuperaciones que estamos viendo hoy en día».
«Suministrar comidas calientes es muy importante porque sabemos que, si los pacientes no comen, no se quedarán en el hospital», afirma Diallo, quien visitó recientemente las operaciones de WFP en las provincias de Ituri y Kivu del Norte, afectadas por el ébola. «Y si no permanecen en el hospital, regresan a la comunidad, con el riesgo de contagiar a otras personas».
Glorieuse es consciente de esos riesgos. Al igual que Jacques, reza para que su familia se libre de más tragedias.
«Estamos agradecidos a las personas que nos proporcionan comida», afirma. «Que Dios los bendiga».
WFP necesita urgentemente 72 millones de dólares estadounidenses durante los próximos seis meses para mantener la asistencia alimentaria, el Servicio Aéreo Humanitario de las Naciones Unidas y las operaciones logísticas para la respuesta al ébola. En toda la República Democrática del Congo, WFP necesita 286,5 millones de dólares estadounidenses durante los próximos seis meses para seguir distribuyendo la asistencia alimentaria vital.