Siria: Un día en la vida de un miembro del PMA

Publicado el 17 Marzo 2014

Oficial de Logística  Simon Hacker en Damasco, Siria.

Simón Hacker, de nacionalidad canadiense, trabaja como oficial de logística para el PMA en Siria. Simón está posicionado en Damasco y tiene que despachar  recursos alimentarios de emergencia para más de 150.000 personas al día a lo largo de todo el país que ha sido gravemente afectado por la guerra. Aquí, en su diario, Simón describe un día típico en su vida en el cual él y su equipo intentan brindar asistencia alimentaria a 4 millones de sirios todos los meses.

Son las 5 de la mañana y la alarma de mi iPhone me despertó.

Cuando llegue a Damasco en Junio del 2012 vivía en un apartamento como todo el personal del PMA, pero después del asesinato del ministro de defensa del país y otros atentados con coches bomba, nos ordenaron mudarnos a un hotel en diciembre del 2012 ya que es considerado más seguro.  

Mi equipo, el cual está conformado por 30 miembros, se prepara desde las 8 a.m. hasta las 9:30 a.m. Espero ansioso mientras que los asistentes de logística me informan acerca de la carga de los camiones.  [Los alimentos llegan a Siria por tierra y aire y  son guardados en nuestros depósitos. Luego, otros camiones recogen sus cargas y la distribuyen alrededor de todo el país.] A lo largo del día, mis asistentes de logística me envían mensajes de texto para informarme cada vez que un camión llegue a los depósitos, es el indicador más importante, hoy tenemos que alimentar a 150,000 personas.  

A eso de las 10 de la mañana, recibo una llamada urgente de un colega que se encontraba en el terreno. Un grupo armado tomó control de la carretera que lleva a la ciudad Deir Ezzor y secuestró dos camiones nuestros. Llame inmediatamente a otro colega y le pedí que averiguara que estaba sucediendo. No es la primera vez que esto sucede, las buenas noticias es que la mayoría de las veces logramos llegar a un acuerdo y nos devuelven los camiones. Aún tengo esperanza.

Los conductores son algunas de las personas más valientes que trabajan en nuestra operación. Tienen una increíble habilidad para manejar a lo largo de todo el país a pesar del continuo conflicto y los numerosos grupos armados. Con el peligro asechando en cada esquina, cruzan múltiples zonas de conflicto, son detenidos en los retenes – algunas veces por varios días – o aún peor. Uno de nuestros conductores fue secuestrado durante 20 días por un grupo armado y fue torturado terriblemente. Le cortaron los dedos de los pies, uno por uno, y su talón y tendones estuvieron  gravemente afectados,  ya nunca podrá caminar de nuevo. ¿Su crimen? Era un alauíta manejando en un territorio controlado por los rebeldes Sunni mientras se llevaban a cabo enfrentamientos sectarios en la costa mediterránea. Los alimentos que él iba a distribuir eran para civiles de ambos sectos.

El gerente de los depósitos me dice que tenemos 20 camiones que se encuentran atrapados en la frontera libanesa, le pregunté si los necesitábamos urgentemente y me dijo que sí.

Mi traductor sirio y yo nos montamos en una Land Cruiser blindada y nos dirigimos a la dirección de aduanas para hablar con el director y ver si podían liberar los camiones. Vimos al director y nos saludó con una sonrisa. Luego de una plática y una taza de café, le pedimos su ayuda. El realizó algunas llamadas telefónicas y nos dijo que los camiones serían liberados. Nos agradeció por el trabajo tan noble que el PMA está haciendo para ayudar a su país y yo también le agradecí. Luego nos fuimos.

Recibo un mensaje de que solo hemos cargado un camión con alimentos para 50,000 personas y llamo inmediatamente para averiguar que está sucediendo. Si continuamos a este ritmo, va a ser muy difícil cumplir con nuestro objetivo.

Recientemente nuestro depósito en Damasco se encontraba en el medio de una batalla épica. Un día antes, hubiera dicho que era una de las áreas más tranquilas de la ciudad, pero luego de visitar el depósito y escuchar los estruendos de los disparos, me di cuenta que sería muy poco probable recuperar los alimentos en un corto plazo. Los eran para alimentos para más de 400.000 personas y ahora estaban varados, tendríamos que usar todos nuestros recursos para descifrar el siguiente paso. Con los nuevos cambios de rutas y las compras de los alimentos locales pudimos continuar trabajando. Otro día, otro desastre evitado.

Caminando de regreso, mi colega sirio me muestra unas fotos de su familia recogiendo manzanas en un huerto durante el otoño pasado, lo cual me trae recuerdos de mi infancia.

Puedo rastrear mis raíces humanitarias desde que era un niño pequeño y ayudaba a mi madre como voluntario de Rotary en el suroeste de Ontario. En los últimos siete años con el Programa Mundial de Alimentos, he trabajado en ocho países que han sufrido o desastres naturales o conflictos o ambos. He presenciado la desesperación que viven las personas cuando no tienen suficientes alimentos que comer, así también como la increíble resiliencia humana. Personas que se encuentran en lugares como Siria siguen soñando a pesar de que oyen constantemente los estruendos de los bombardeos y morteros que suceden a su alrededor. Es muy inspirador.

Poco tiempo después de haber llegado a la oficina mi jefe me llama para que hablemos. Me dice que hay 5,000 familias que están sufriendo de hambre en un área que se encuentra fuera de la capital – y que tengo que mandar camiones inmediatamente. No hemos podido distribuir alimentos en ese lugar por meses y aún si encontramos conductores lo suficientemente valientes nunca lograrán pasar el punto de control. Es una orden imposible de cumplir y ambos lo sabemos. Le dije a los miembros de mi equipo que hicieran algunas llamadas para conseguir camiones. Me obligan a hacer esto pero ellos también saben que se necesitará un milagro para lograrlo. Aun así, tenemos que tratar.

Al día siguiente me desperté con un correo electrónico que decía que los camiones estaban teniendo dificultades muy serias tratando de accesar a uno de nuestros depósitos que se encuentra fuera de Damasco. Se habían acumulado casi 60 camiones mientras que esperaban descargar suministros de alimentos que se necesitaban urgentemente. Aparentemente hubo un problema en el último punto de control, el cual se encontraba cerca del depósito. Dado que estamos construyendo las instalaciones para asistir a un millón de personas cada mes, este era un gran problema. No tuve otra opción y tuve que ir yo mismo para ver que estaba sucediendo.

Luego de pasar más de 10 puntos de control, finalmente llegué al que estaba presentando problemas: una carretera serpentea de 800 metros con líneas de carros en ambas partes, habían muchos soldados armados y un tanque de guerra. Luego de que nuestro carro y maletas fueran revisados exhaustivamente, uno de los soldados me dijo que el coronel que estaba a cargo me quería conocer en sus barracas.

A través de mi traductor, le hable al coronel acerca de nuestras operaciones, como tratamos de alimentar a más de cuatro millones de sirios cada mes y porque necesitábamos su ayuda para asegurarnos de que nuestros camiones puedan pasar.

Luego de una larga platica llegamos a un acuerdo, el dejaría que los camiones llegaran y pasaran si lo manteníamos informado acerca de nuestras operaciones. Habría una condición no negociable: no podrían haber movimientos desde las 7 p.m. hasta las 6 a.m. Yo le dije que trataríamos, nos estrechamos la mano y le prometí que lo visitaría la próxima vez que viniera. “Ahlan wa sahlan.” me dijo sonriendo – eres bienvenido cuando quieras.  

Son casi las 6 p.m. y el día de trabajo está por terminar. Me reuní con unos colegas para cenar y luego fui al hotel.

A pesar de que no cambiaría lo que estoy haciendo por nada en el mundo, el trabajo humanitario trae consigo muchos peligros. Cada día miles de trabajadores humanitarios arriesgan sus vidas para ayudar a los más vulnerables y a veces terminan pagando el precio. Perdí a cinco colegas en Islamabad en el 2009 cuando un terrorista suicida entró a nuestra oficina y estallo. Jamás olvidare ese día – fue un recordatorio de que la vida puede cambiar en un instante. Desde ese día, hice un compromiso conmigo mismo, que aquellos que trataran de destruir nuestro trabajo en Pakistán o en cualquier otra parte no vencerían – esto fortaleció mi compromiso hacia lo que estoy haciendo.

Me acuesto en mi cama y mando unos cuantos mensajes más a mi asistente de logística, preguntando cuantos alimentos logramos distribuir hoy. Suficientes para casi 172,000 personas, me dijo.

“OK, descansa,” le respondí, mañana tendremos que hacer todo de nuevo.