Sudán del Sur: La historia de una madre

Publicado el 23 Agosto 2013

Bobok Ngalim huyó al monte con sus tres hijos huyendo de la violencia en su aldea de Jonglei. (Copyright: WFP/George Fominyen)

Decenas de miles de personas se han visto obligadas a huir de sus hogares en el estado de Jonglei, Sudán del Sur, debido a la reanudación de los combates. El PMA proporciona alimentos a miles de estas personas desplazadas, ofreciendo respiro a las familias que se han escondido en el monte por miedo quedar atrapados en el conflicto.

PIBOR TOWN - Cuando Bobok Ngalim oyó que unos atacantes se estaban acercando a su pueblo, quedó aterrorizada. La última vez que esto sucedió, en 2011, su marido fue asesinado en la lucha entre las comunidades Murle y Lou Nuer. Ahora, como madre soltera con tres hijos, decidió no correr riesgos.

"Huí al monte con mis hijos. Yo no era la única. Todas las mujeres - jóvenes y ancianas - escaparon entre los matorrales. Muchas mujeres están separadas de sus maridos. No saben si (los hombres) están vivos", dijo, hablando a través de un traductor.

"Nos hemos estado alojando (en el monte) por semanas. No tenemos nada que comer. Nuestros niños no pueden beber leche porque no hay ganado para ordeñar la leche. Hemos estado sobreviviendo en la selva así", dijo, señalando al suelo mientras ella estaba de pie a la sombra de un árbol fuera de un centro de distribución del PMA en el poblado de Pibor.

Ngalim, que llevaba un paño negro con dibujos de flores de color rojo intenso anudadas al hombro, levantó una fruta verde, conocida localmente como lalop. Esta fruta se come a menudo cuando está madura, pero en tiempos de necesidad, la gente desesperada recoge el fruto verde y lo hierve, y esto puede producir diarrea.
"Cuando llegamos a sentir mucha hambre, cosechamos este fruto silvestre y lo hervimos", dijo Ngalim. "No sabe bien, pero ¿qué podemos hacer?"

Corazón de una madre
La historia de Ngalim ofrece una perspectiva de las vicisitudes que a menudo  pasan en los pantanos y matorrales las víctimas invisibles por causa de la eterna inestabilidad de Jonglei.

"Muchas de las mujeres y los niños tienen problemas estomacales. Todo el mundo está sufriendo. Las mujeres y los niños están sufriendo de diarrea. Tal vez se debe a lo que estamos comiendo, no lo sé. Lo que sé es que tenemos hambre y estamos viviendo en la intemperie”.
Ngalim, quien dijo que no sabía su edad, que tuvo que caminar durante dos días para llegar al centro de distribución. Ella dejó a sus dos hijos y a su hija al cuidado de su madre ciega en el monte.

"Mi corazón está con mis hijos.... Espero que estén bien, y me consuela que puedo llevar este alimento para ellos", dijo. "Ellos (el PMA) nos están dando bolsas de sorgo, aceite, frijoles, sal y paquetes de comida que dicen que hará a nuestros hijos fuertes".

Entorno Desafiante
Los enfrentamientos entre las fuerzas gubernamentales y los insurgentes aliados al general David Yau Yau y la reanudación de la violencia entre las comunidades Murle y Lou Nuer han forzado a miles de residentes de Jonglei a que huir al monte. Después de años de inestabilidad, nadie quiere arriesgarse a quedar atrapado en el fuego cruzado o ser el blanco de alguna de las facciones en guerra.

El PMA lanzó una operación de respuesta a la emergencia el 23 de julio para brindar alimentos a estos desplazados, y hasta el momento, cerca de 30,000 personas han recibido ayuda en las áreas que la comunidad humanitaria ha tenido acceso en el condado de Pibor, con distribuciones en Dorein, Labrab y el Condado de Pibor. El PMA espera llegar a 60,000 personas a partir de ahora hasta diciembre.

Llegar a las miles de familias vulnerables es un desafío particular en una región en donde muchas carreteras han quedado intransitables por las lluvias y por el continuo conflicto. El PMA le preocupa que miles de personas necesiten asistencia hasta el final del año, ya que ya han perdido la temporada de siembra.

Como muchos otros en este estado, la vida de Ngalim se ha convertido en una lucha constante por mantenerse un paso adelante de los grupos armados.

"Puesto que la lucha se inició a finales del año pasado entre el ejército del gobierno y el pueblo Yau Yau, hemos estado entrando y saliendo de nuestros pueblos", dijo. La última vez que salió de su casa fue en julio, cuando algunas personas desplazadas le advirtieron que jóvenes de Lou Nuer marchaban hacia las zonas Murle.

A pesar de la precariedad de su situación, Ngalim estaba agradecida de ser capaz de regresar a sus hijos con sus víveres.

"Estamos llevando la comida a nuestros hijos y, aunque es un largo paseo por el monte, estamos contentos de que nuestros hijos van a dejar de llorar de hambre".