A paso lento, pero con valentía, Estela lucha por superar su tragedia

Published on 20 Noviembre 2009

Estela Aguilar está acompañada por sus dos nietas, en un albergue de San Vicente, en donde están siendo beneficiadas con la ayuda del PMA. (Copyright: WFP/Tania Moreno)

La historia de Estela Aguilar, beneficiaria del PMA en un albergue de San Vicente, narra la pesadilla que vivió aquel 8 de noviembre cuando El Salvador fue estremecido por fuertes lluvias y ráfagas de viento. Estela lucha por salir adelante a pesar de haber perdido a varios familiares, sus pertenencias y su casa.

Los días transcurren a paso lento y los recuerdos se pegan como enredaderas en la mente de doña Estela Aguilar, de 58 años. Nada puede devolverle la tranquilidad, sin embargo asegura que a pesar de haber perdido su casa, todas sus pertenencias y a 15 miembros de su familia, aún le quedan fuerzas para continuar.

En un albergue temporal en San Vicente y acompañada de lo único que le queda en la vida: dos de sus nietas y una caja de ropa que recién le han regalado, recuerda los días felices que vivió con su familia durante 35 años en la comunidad “La Caridad”, a orillas del Río Acahuapa, en San Vicente. La Caridad es una de las zonas emblemáticas y más afectadas, tras el desbordamiento del Río Acahuapa que arrastró varias comunidades. Sus sobrevivientes se encuentran en varios albergues habilitados en esa zona del Oriente de El Salvador.    

“Soy una mujer luchadora. Trabajo desde los 15 años como doméstica y vendiendo tamales y tortas de elote. En mi familia nos ayudábamos unos con otros, con sacrificios mandábamos a los niños a la escuela. Todavía no puedo creer esta tragedia que nunca me hubiera imaginado y que no se la deseo a nadie. Perdí a mi esposo, a mis 6 nietos, tíos, hermanos, sobrinos y a mi nieto más pequeñito de un año y medio”, señala con un tono sereno. 

Eran aproximadamente las 2 de la madrugada del sábado 8 de noviembre. Alguien tocó la puerta para avisar que el nivel del Río estaba subiendo. El agua entraba por todas partes. De pronto las puertas de la casa salieron volando. Las piedras crujían como si estuvieran hirviendo. 

Estela señala que “en cuestión de segundos todos estábamos con el agua hasta el cuello queriendo salir. Nosotros estábamos escapando por los árboles cuando la luz se fue y después no volví a ver a nadie de mi familia. Escuché la voz de mi esposo que me dijo que me subiera a un palo de almendro, pero yo ya no tenía fuerzas, entonces me tiré no sé a dónde y fui a caer encima de un carro que se arrastró varios kilómetros así fue como me salvé”.

Con el apoyo de su comunidad y de los Cuerpos de Socorro, Estela logró encontrar los cuerpos sin vida de un hermano, un nieto y un sobrino y darles sepultura, el resto de sus familiares no han podido ser recuperados. Han sido días muy difíciles, pese a esto, Estela agradece a Dios y a la vida, ya que aún con tanta tristeza la ayuda humanitaria continúa llegando a los albergues.

El PMA llevó galletas fortificadas al albergue del INDES, como parte de la ayuda alimentaria destinada para esta emergencia, y que servirán durante varios días para suplir las necesidades nutricionales y alimentarias de los damnificados.

Unas 200 personas que residen allí temporalmente, entre ellas doña Estela y sus dos nietas están siendo beneficiadas con la ayuda de PMA. Los terremotos del 2001 también golpearon duramente esta zona del país, botaron las paredes de la que fuera la casa de doña Estela, sin embargo, aún no se derrumban las esperanzas de cientos de familias afectadas que confían en el apoyo de las autoridades y de los organismos de ayuda humanitaria.

“La comida no nos ha faltado, tenemos ropa para abrigarnos en la noche y confiamos en que vamos a salir adelante y a volver a la normalidad y aunque nada será como antes, pero vamos a estar bien”, finalizó Estela.

 


 

about the author

Tania Moreno

Oficial de Comunicaciones

Tania es la Oficial de Comunicaciones para El Salvador. Ella trabaja para el PMA desde el 2005 y tiene una carrera de 12 años como periodista profesional.