Nicaragua: La merienda tiene un ingrediente especial

Publicado el 17 Mayo 2013

Andrea Orozco fríe las tortillas de harina para la merienda de los estudiantes de primaria. WFP/Julissa Aguilar

Andrea Orozco, llamada cariñosamente Andreíta por los estudiantes, es la responsable de cocina de la escuela Santa Martha de la comunidad rural El Guineo, 280 kilómetros al este de Managua.

EL GUINEO --Andreíta asumió este cargo el año pasado cuando el menor de sus cinco hijos, Jason, de 5 años, comenzó las clases de preescolar. Desde entonces no ha dejado de preparar la comida de los 234 estudiantes de primaria y preescolar ni un solo día.

Cocinando como lo harían sus madres

Hay un ingrediente especial que Andreíta añade a la merienda: el amor por los niños. “Muchos de los estudiantes no reciben los tres tiempos de comida en sus casas. Algunos tienen que caminar hasta dos horas para venir a clases y llegan cansados y con mucha hambre. Por eso me gusta prepararles la comida con el amor con que lo haría su propia madre”, expresa Andreíta.

Su personalidad amable y cariñosa ha ganado el afecto de los estudiantes y maestros. “Yo quiero mucho a Andreíta porque es muy buena con todos y nos cocina muy rico”, afirma la niña Carmen Masís, de 9 años, estudiante de tercer grado.

Esta madre de 41 años llega todos los días a las 6 de mañana a la humilde cocina ubicada en el patio trasero de la escuela, en un pequeño pero ordenado local de tablas de madera y piso de tierra.

Andreíta reúne la leña para encender el fogón artesanal, lava los utensilios y sale en busca de agua al pozo comunal ubicado a 200 metros de la escuela.  Luego pone a cocer los frijoles y lava el arroz mientras espera que lleguen las tres madres que cada día cumplen el rol de cocina.

Parte de la responsabilidad de Andreíta es garantizar que ningún niño se quede sin comer. El  Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE) del Ministerio de Educación (MINED) con el aporte del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), provee arroz, frijoles, aceite vegetal, harina y cereal fortificado con micronutrientes, a un millón de niños de preescolar y primaria del sector público de Nicaragua.

Una labor desinteresada

Para el director del colegio, Heberto Duarte, Andreíta realiza una labor noble y desinteresada. “Ella es una mujer sencilla y responsable que con esfuerzo y dedicación cocina para los niños. Por eso todos la quieren”, afirma.

Los fines de semana, Andreíta trabaja como cocinera en un comedor local donde le pagan 70 córdobas el día (US$2.8 dólares). Su esposo, Róger Orozco, es obrero agrícola y trabaja en fincas de la comunidad. Sus dos hijos varones tuvieron que dejar la escuela para trabajar y aportar económicamente al hogar. “Mis hijos trabajan cuidando ganado y haciendo queso”, dice Andreíta.

Sus hijas mayores finalizaron sus estudios de secundaria y ahora se encargan de los quehaceres del hogar. El sueño de Andreíta es que sus hijas sean profesionales pero la familia no cuenta con el dinero para pagar los estudios ni el traslado a la ciudad de Siuna (ubicada a 35 kilómetros) donde se encuentra la universidad más cercana.
 

ACERCA DEL AUTOR

Julissa Aguilar

Asistente de Información Pública

Julissa es comunicadora social con experiencia en Relaciones Públicas y prensa escrita. Ha laborado en un diario nacional y en una agencia de publicidad en su natal Nicaragua.