Niños sirios buscan consuelo en la cotidianidad

Publicado el 25 Enero 2013

Zeina acurrucada entre su madre y su padre en su tienda de campaña. Abajo, Zeina y su hermano Ziyad solían tener sus propios cuartos en su casa en Homs, donde su padre tenía un exitosa mueblería. (Copyright: WFP/Reem Nada)
 

Zeina, de 10 años, y su familia fueron desplazados tres veces dentro de Siria antes de venir a Jordania en busca de seguridad. La familia de Zeina, que es oriunda de Homs, escenario de algunos de los peores combates en los últimos meses, tuvo que atravesar Siria para llegar al campamento de Zaatari.

Campamento de Zaatari, Al Mafraq, JORDANIA – Mientras lidia con la vida en el campamento de refugiados, Zeina busca forma de hacer las cosas que solía en Homs. Le gusta ir a la escuela del campamento, ayudar a su madre en los quehaceres y pasar tiempo con sus amigos. Sus amigos, sin embargo, son aquellos que ha hecho en el campamento o durante su viaje a través de la frontera.

“Voy a la escuela en las mañanas y ayudo a mi madre en la cocina cuando estoy de vuelta”, dice Zeina, cuya madre también trabaja como maestra en la escuela del campamento. “La ayudo tanto como puedo, pero todavía no puedo cocinar; soy muy joven”, dice la niña cuyo padre tenía un exitoso negocio de muebles en Homs.

La familia, que solían ser orgullosos dueños de una casa grande y dos tiendas de muebles en Daraa, ha estado en el campamento por tres meses y recibe raciones bimensuales del PMA. “Dejamos todo atrás, o lo que quedaba”, dice el padre de Zeina, Abu Ziyad. “Tengo más de cincuenta años. Me hubiera quedado y muerto allá si no hubiera sido por los niños; los tenía que llevar a un lugar seguro y seguir con la vida, no importa que tan difícil sea”.

Aunque parece una niña feliz la mayoría del tiempo, Zeina se aterroriza y cubre sus oídos cuando escucha a un avión volando sobre ella o incluso gritos. “La llevamos al hospital el otro día cuando hubo disparos celebratorios anunciando una boda en el campamento”, dice su padre. “Le dieron una inyección para calmarla”.

En su vocabulario simple de niña, que normalmente no incluiría palabras como “bombardeo” y “cohetes”, ella relata el horror que los llevó fuera de Homs y eventualmente de su país: “Hubo bombardeos y nos lanzaron bombas. Ellos nos largaron de nuestro hogar”, dice. “Estaban disparando cohetes a nuestra casa cuando nosotros nos estábamos quedando ahí y entonces nos escondimos en un bunker”.

Hay varios niños como Zeina que escaparon la guerra en Siria y se refugiaron en países vecinos. El PMA cubre las necesidades alimentarias de refugiados en Irak, Jordania, Líbano y Turquía con distribución de alimentos a casi 160,000 refugiados en los cuatro países.
 

ACERCA DEL AUTOR

Reem Nada

Oficial de Información Pública - El Cairo

Reem Nada se unió al Programa Mundial de Alimentos a principios de 2009 después de una carrera periodística de 10 años en prensa escrita y radio en Egipto y el Oriente Medio.