Haití: “Cuando suena la campana, es como un atasco en el tráfico”

Publicado el 21 Diciembre 2012

Los dos pisos de la escuela  se vacían rápidamente. Los niños hacen fila bajo una tolda frente a varias ollas grandes repletas de arroz y salsa de frijol, una comida tradicional haitiana. (Copyright: WFP/Stephanie Tremblay)

En Haití, el Programa Mundial de Alimentos proporciona comidas diarias a 685 000 niños en las escuelas del país. Las comidas los ayudan a aprender mejor y los incita a asistir a la escuela todos los días. En La Saline, como en muchas otras partes de Haití, el programa de comidas escolares también asegura que los niños obtengan al menos una comida al día.

PUERTO PRÍNCIPE—“Cuando suena la campana, es como un embotellamiento”. Así es como Joseph Jean Silence describe el frenesí diario en camino a la cafetería de la escuela. Silence es el director de la Institución Mixta Jeneusse Réunie, una escuela localizada en La Saline, sección del barrio pobre de Cite Soleil.
Los dos pisos de la se vacían rápidamente. Los niños dan unos pasos en un callejón estrecho, cruzan la calle y hacen fila debajo de una tolda, frente a varias ollas grandes repletas de arroz y salsa de frijol, una comida tradicional haitiana.
Cuando él describe su barrio, el lugar en el que vive y en el cual ha estado a cargo de esta escuela desde 1996, la conversación se torna rápidamente hacia sus preocupaciones; de hecho, las preocupaciones de todos: seguridad y pobreza.
“Hay muchos problemas sociales y económicos”, explica. “Los padres tratan de sobrevivir cada día”. Él describe condiciones de vida precarias, donde llega comida a la mensa sólo si los padres logran ganar algo o pedir prestado ese día.
“Yo voy a la escuela porque sé que tendré algo de comer,” dice Pascual Papou, un niño de cinco años con un brillo en los ojos y una gran sonrisa. Él vive cerca de la escuela junto a su familia, y aunque dice que come buenas comidas en casa también, explica que “no pasa todos los días.”
Cuando Silence comenzó a trabajar en la escuela, en 1996, nadie cocinaba para los niños. Frente a un problema que el sintió que debía resolver, estaba tan convencido entonces como está ahora de que proveer una comida diaria en una escuela como la suya es esencial. En sus aulas el ahora ve niños con un mejor aprendizaje y asistencia diaria.
Su equipo de cocineros llega a la escuela temprano cada mañana y se asegura que la comida—cocinada con alimentos suministrados por el Programa Mundial de Alimentos—esté lista para servirse a las 10:30 a.m. ¿Por qué tan temprano? Él consideró que si sus estudiantes no desayunan en casa, no deben tener que esperar hasta el mediodía para que caiga comida en sus estómagos.
A Jackendy François le gustan las matemáticas y dice que quiere ser doctor cuando crezca. A la edad de diez, él es el mayor de su familia. Su hermana de seis años también asiste a Jeunesse Reunie, pero su hermana más pequeña es muy joven para ir a la escuela.
“En casa, si se acaba el dinero, se afectan las comidas,” dice. Su madre trabaja como buhonera. “A veces traigo parte de mi almuerzo de la escuela a la casa para compartirlo con mi hermanita”, explica.
El terremoto del 2010 perjudicó gravemente este barrio cercano al puerto de Puerto Príncipe y muchos han encontrado refugio en campamentos creados espontáneamente cuando la tierra dejó de temblar.
“La gente está regresando; están construyendo casas nuevas,” dice Joseph Jean Silence.
Su escuela es privada, al igual que la mayoría en Haití. Desde el año pasado, Jeneusse Reunie recibe subsidios del gobierno para cubrir las matrículas de los estudiantes de primer grado. Este año los subsidios fueron extendidos a los niños inscritos en segundo grado.
“Esto es un gran avance,” dice el director. Ahora más niños reciben una educación, y una comida.