El arroz de Brasil ayuda a colombianos y ecuatorianos

Publicado el 21 Noviembre 2012

Carlos come su merienda con el arroz donado por Brasil. (Copyright: WFP/Leonardo Hinojosa)

La escuelita Campo Elías Bravo, es una escuela rural de la provincia de Carchi, Ecuador, cerca de la frontera con Colombia. Aquí se educan los 32 niños de la comunidad de Chulamúes, de los cuales el 40% son colombianos o sus padres vinieron de Colombia. Muchos han huido de la violencia y buscan refugio en este lado de la frontera. Pero la vida sigue: estos pequeños deben estudiar, pero para concentrarse en sus estudios también deben comer.

CARCHI. -El 28 de septiembre, a pocas semanas de haber empezado el nuevo año escolar, visitamos la escuela Campo Elías Bravo con otros colegas para verificar cómo está funcionando la alimentación escolar apoyada por el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Los pequeños estudiantes estaban comiendo arroz con menestra de fréjol, papas y una ensalada de lechuga con tomate. El niño que sale con gorra y que armó la palabra Brasil con el arroz se llama Carlos, no sé exactamente que edad puede tener, pero tal vez unos 10 años. El otro niño más pequeño se llama Steven y está en educación inicial.

Armar la palabra Brasil con arroz no solo es un buen ejercicio de motricidad fina: también ayuda a que los niños se den cuenta de dónde viene el arroz que están comiendo. Les explicamos que este arroz viajó desde el otro lado del continente para acompañar su fréjol y ensalada.

Gracias a un generoso regalo de Brasil, el PMA lo entrega dentro de sus raciones a las escuelas de las zonas vulnerables cercanas a la frontera. Así los niños pueden tener un almuerzo que se complementa con alimentos frutas y verduras cultivadas por pequeños agricultores de la localidad. Las asociaciones de pequeñas agricultoras (sobre todo mujeres) llevan todos los lunes sus productos a las escuelas, y los padres de familia se organizan para ayudar en preparar los platos de sus hijos.

Es importante que los niños se alimenten bien para que tengan la energía y el entusiasmo para atender en clases y también para jugar. Ellos y sus familias están aprendiendo en la escuela sobre la importancia de una buena alimentación. Ahora saben que el plato de comida debe ser colorido, tener carbohidratos, vegetales y proteínas.

Hay algo muy bueno en esta escuela: aunque no tiene espacio para un huerto (pese a estar en una comunidad rural) la colaboración de los padres es excelente, y un padre de familia ha prestado un terreno. Ahora están haciendo un huerto escolar para sembrar hortalizas que servirán para el almuerzo de los niños en poco tiempo. Así los platos tendrán el blanco del arroz entre otros muchos colores.