Cupones por trabajo en Bolivia: una modalidad que promete

Publicado el 02 Mayo 2013

Martha Carrasco, dirigente de la comunidad 2 de Agosto en San Julián, recibe cupones por su trabajo en la producción y sembrado de plantines para protección de su huerto y de las tierras comunales de cultivo. (Copyright: WFP/Ximena Loza)

Plantines, defensivos, huertos y capacitación en nutrición han evidenciado la estrecha relación entre la reducción del riesgo de desastres y la seguridad alimentaria para más de 600 familias colonizadoras de 11 comunidades en el municipio de San Julián, en Santa Cruz. Estas comunidades, enclaves de cultura altiplánica y valluna en medio de la llanura oriental, participan de la modalidad “cupones por trabajo” que el PMA implementa por primera vez, y a manera piloto, en Bolivia. Las familias reciben cupones para canjear por alimentos como incentivo a la producción de huertos y plantines, a la construcción de defensivos y a la participación en capacitaciones sobre nutrición.

Mujeres, precursoras de la modalidad en Bolivia

La participación de las mujeres fue mayoritaria en los huertos, en la producción de plantines y en las capacitaciones en nutrición, mientras los hombres pusieron todo su esfuerzo en la construcción de defensivos a la rivera del Río Grande. No obstante, en las distribuciones de los cupones,  se puso especial énfasis en que los reciban y canjeen las mujeres “nosotras sabemos qué es lo mejor para que nuestras familias estén bien alimentadas” señala doña Martha Carrasco, dirigente de la comunidad 2 de Agosto. Al margen de ello, para el proyecto, poner un recurso como los cupones en manos de las mujeres es un modo de empoderamiento al interior del hogar y de mejoramiento de su status dentro de la comunidad. Coincidentemente, Martha afima que “con los cupones se dignifica el trabajo de las mujeres”.  Al fin y al cabo, su esfuerzo y labor en las actividades son reconocidos a través de los cupones y se da un valor agregado a lo que, usualmente, se consideraría una extensión de las tareas reproductivas, a menudo carentes de remuneración y valor social.

Las mujeres están orgullosas de las técnicas de producción y de los conocimientos adquiridos, especialmente aquellos que les permitieron desarrollar sus huertos, pues además de tener en ellos un suministro seguro de hortalizas y verduras para el hogar, les reportan también réditos por la venta de excedentes. A tiempo de mejorar la alimentación de sus hogares, las mujeres generan un ingreso y un ahorro que disponen para salud y para cubrir tantas otras necesidades suyas y de sus niños, al margen de la alimentación. También les satisfacen los plantines que están produciendo, porque éstos les permitirán proteger sus cultivos de eventuales desbordes del Río Grande que año tras año amenazan con anegar sus tierras.  

Una oportunidad para diversificar la alimentación

A diferencia de la modalidad de “alimentos por trabajo”, la gran mayoría de las familias menciona que los cupones les dan la oportunidad de elegir los alimentos que van a consumir. Por doble partida, estas familias están diversificando su alimentación con hortalizas de los huertos, por un lado, y con alimentos como la quinua, el frijol y maíz willkaparu que antes no estaban en su dieta y que ahora pueden canjearlos en las tiendas. Están conscientes de que el incentivo con cupones no puede sostenerse en el tiempo y que éstos cumplieron su misión en el establecimiento de los huertos y los plantines, pero dado el éxito de las actividades, las mujeres aseguran que continuarán produciendo alimentos en sus huertos aún sin el incentivo porque han evidenciado los beneficios para ellas y para sus familias.

La modalidad piloto “cupones por trabajo” es co-financiada por el PMA y la Cooperación Suiza (COSUDE), y se desarrolla dentro de un proyecto más grande de recuperación de hogares afectados recurrentemente por desastres naturales.