Comidas escolares


Como el proveedor humanitario de comidas escolares más grande en todo el mundo, el PMA, con gobiernos y sus socios, apoya la educación, reduce la desnutrición, y promueve el desarrollo sobre todo en tiempos de crisis y emergencia.

Casi todos los países del mundo tienen un programa de alimentación escolar y al menos 368 millones de niños, desde el kínder hasta la secundaria, reciben alimentos todos los días. Los gobiernos reconocen la alimentación en las escuelas como una herramienta esencial para el desarrollo y crecimiento de los niños, comunidades y la sociedad como un todo.

El PMA proporciona comidas escolares a más de 20 millones de niños cada año. Sin embargo, hay muchos más niños que no están siendo beneficiados por la alimentación escolar, y en los países con mayores tastas de pobreza, donde las comidas escolares harían una gran diferencia, el alcance de los programas de comidas escolares es mucho menor.

En nuestros esfuerzos por crear un mundo donde las oportunidades educacionales y nutricionales lleguen a quienes padecen hambre, las escuelas son un factor crítico. Es aquí donde se sientan las bases para que futuras generaciones crezcan y prosperen.

¿Qué es la alimentación escolar?

Estos programas escolares incluyen comidas para los estudiantes y galletas o snacks fortificados, u otros que proporcionan a niños que asisten regularmente a la escuela, raciones para que lleven a sus hogares.

¿Cuáles son los beneficios?

Las comidas escolares actúan como imanes para que los niños asistan a clases. El proporcionar continuamente comidas diarias a los niños, ayuda a mantenerlos en la escuela. Los beneficios de la alimentación escolar llegan mucho más del aula de clases:

•    Red de seguridad: Las comidas escolares ayudan a las familias a educar a sus hijos y a proteger su seguridad alimentaria en tiempos de crisis. Es una inversión para el futuro de los niños. Las comidas escolares apoyan el desarrollo para que así los niños puedan convertirse en adultos saludables y productivos, rompiendo el ciclo del hambre y pobreza en las zonas más vulnerables.
•    Nutrición: En países pobres, las comidas escolares son muchas veces la única comida regular y nutritiva que reciben los niños. Son una inversión para el futuro de los niños. Sin ellas, el hambre y las deficiencias en micronutrientes pueden provocar daños irreversibles en sus cuerpos y en su crecimiento. Cuando las comidas escolares son combinadas con desparasitación y fortificación de micronutrientes, especialmente cuando se adapta a las necesidades nutricionales específicas – como las de los adolescentes – el impacto de la inversión se multiplica.
•    Educación: Una comida diaria genera un fuerte incentivo de enviar a los niños a la escuela y de mantenerlos ahí. Logra que los niños se concentren en sus estudios en vez de sus estómagos y también ayuda a incrementar la matrícula y la asistencia escolar, disminuir las tasas de deserción, y mejorar las habilidades cognitivas. Los programas pueden ser adaptados para proporcionar raciones para el consumo en el hogar que van dirigidos a niñas de zonas en donde existen brechas de género.  
•    Agricultura local: Siempre que sea posible, los alimentos son producidos localmente, lo cual beneficia a agricultores locales y a toda la comunidad, logrando así un programa sustentable.